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viernes, 16 de febrero de 2007

   El descubrimiento de los límites

Cuando cumplí 30 años sentí que irremediablemente había desperdiciado gran parte de mi vida en proyectos estupidos. Ahora confieso que extraño esa época cuando casi a diario me apasionaba con proyectos condenados de antemano al fracaso.
Con el tiempo dejé de pensar en fundar bibliotecas, pegar poemas (de otros) en la pared, proyectar películas en un cine casero o crear publicaciones que lleguen al número 2, y me resigné a una cómoda vida burguesa. Me dije: “Todo es inútil en este mundo, salvo lo que uno tiene por sí mismo, lo que te acompaña en la soledad sin que nadie te lo pueda dar o quitar, esto es más importante que todos los bienes materiales o lo que se es a los ojos de los demás”, comprendí en ese momento que lo único a lo que puede aspirar un hombre es al pensamiento abstracto. También entendí que todo esto lo estaba leyendo en la solapa de un libro y que además me picaba la pierna.
El libro en cuestión era “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer, de segunda mano y en oferta, dos tomos gordos. No tenía realmente la intención de comprarlo, pero al leer la otra solapa me entero de que Schopenhauer terminó de escribir el libro justo a la edad de 30 años. Me dije ( girando la cabeza para ver si no estaba leyendo alguna solapa) “Una feliz coincidencia, cumplí treinta años el mes pasado y Schopenhauer terminó esta obra a sus respectivos 30 años: Una edad idonea para penetrar filosofias y, si se diera el caso, para ser sofista y cobrar por lecciones a alumnas de 18 años.”
Con impaciencia busqué un bar para sentarme y examinar con aprehensión los dos tomos. En la mesa de una terraza cualquiera abrí el primer tomo y ,como soy lector de prólogos, no pude obviar el prefacio a la primera, segunda y tercera edición.
En los tres prefacios el autor demandaba al lector ciertos conocimientos o lecturas previas. A saber:
· La lectura de un libro anterior de él (“Las raices del principio de la razón”)
· El conocimiento de la obra de Kant
· El conocimiento de los Vedas
· Haber leido y comprendido la escuela de Platón
· Vida y religión de la antigua india
· Conocimientos de griego, latín y algo de sánscrito

Quedé perplejo ante al tamaño de mi ignorancia, el peso de mis limitaciones y la escasez de mis virtudes. Lamenté también que en niguno de mis antiguos proyectos hubiera contemplado la creación de un grupo de estudio dedicado al exhaustivo análisis de cada uno de estos temas.
Los años también han fomentado en mi cierta conducta obsesiva: tiendo a pensar que todo se desarrolla en pasos o fases, como en un proceso evolutivo, que uno no llega al paso 2 sin haber completado previamente el paso 1.
El paso 1 se me antoja tedioso, digno de una persona tenaz, motivada, consecuente, responsable y, quizá, pulcra.
Ahí mismo concluí mi lectura de Schopenhauer, el libro se cerró hsta el fin de los tiempos.

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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 22:32

1 comentarios:


Blogger DIEGO ha dicho...

que viejo estas rodolfo, no se en tu apariencia pero en tus comentarios....
igual, escribis mas o menos igual que antes

17 de febrero de 2007, 2:47  


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