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miércoles, 2 de mayo de 2007

   Penas de Amor

Los vientos murmuran mi pena.
Las sombras me dicen que ya se marchó.
Y escrito en las noches serenas
encuentro su nombre como una obsesión.


No hay tragedia más perturbadora que la de un enamorado tratando de recuperar a su amada, convencido de que el amor sólo está jugando a las escondidas un rato. Empujado por esta creencia, llevará a cabo dispares locuras para recobrarla, desde llamados anónimos para escuchar un “hola” de su boca (de fresa) hasta matarle al perro y fabricar embutidos con sus restos. Escribirá poemas con liquid paper en la parte de atrás de los asientos de los colectivos y acusaciones injuriosas en muros de luna y de sol.

El enamorado desarrollará, en la mayoría de los casos, ciertas manías obsesivas: empezará a ver a su amante en todas partes y creerá que ésta se ha vuelto una ramera que entrega su cuerpo a cualquier transeúnte. Luego vendrá el recuerdo minucioso de cada baldosa que pisaron de la mano y cada película, cada libro, cada revista, cada afiche y cada etiqueta de información nutricional que leyeron juntos. Finalmente, el enojo, la furia, el perdón, el olvido y tras cartón, la muerte.

Todo este trágico asunto nos remite a una reflexión acerca del carácter temporal del amor. Muchas canciones lo han dicho, y otras miles no. Duras batallas han enfrentado desde siempre a los partidarios del amor eterno y a los militantes de las aventuritas pasajeras. Muchas de aquellas habrán finalizado, como corresponde a toda apasionada discusión, con la presencia de gases lacrimógenos y balas de goma. Pero ningún bando posee la verdad absoluta. Por eso, y como ante toda duda de amor, recurrimos a la palabra experta de nuestra querida anciana Anestesia López, residente en Ciudad Juarez, México. Hacia allá vamos. Nos subimos a nuestro Dodge 1500 azul, auténtica joya del automovilismo nacional. El camino es polvoriento, seco, olvidado, olvidable. La muerte parece perseguirnos, o mirarnos pasar, sentada a la sombra de alguna sombra. Desierto inacabable, sin rastros, sin huellas, parajes inundados de ánimas perdidas, porque alma que llega a este desierto jamás encuentra el camino de salida. Nosotros sí. Llegamos luego de muchas horas de viaje, dejando una estela de calor como marca de nuestro paso, muchas latas de gaseosa vacías y varios paquetes de galletitas "aventura". En realidad, no fueron tantas horas, sino más bien pocas. Muy pocas. ¿Cómo llegamos a México en apenas un par de horas? ¿Cuándo cruzamos el Canal de Panamá? ¿Por qué hablo en plural si estoy viajando solo? Porque es un recurso literario mediante el cual se busca integrar al lector en el relato, de forma tal que se sienta parte de la historia que se está narrando. Ah. Hola lector, como le va. Así que usted está viajando conmigo. Bueno, mucho gusto. Que calor, no? Me parece que va a llover, lo dijeron en la radio. Vamos, acováchese donde pueda que el cuento es largo e incómodo.

Hallar a doña Anestesia, fue sumamente trabajoso, un poco por el misticismo que rodea a todo sabio anciano, y otro poco -principalmente-, porque la vieja está cada día más chiquita y la muy desgraciada se escabulle por cualquier rincón. La encontré dentro de un caño de agua, tomando tequila con naranja. Le acerqué mis dudas acerca del lugar en el que me encontraba.

- Amigo, -me dijo - esto es México, la tierra de Pancho Villa y el Padre Hidalgo, de Chespirito y de Hugo Sanchez. ¿Ve aquel río? Es el Río Grande, agua santa, urna sepulcral de tantos compatriotas.
- Me lo imaginaba más grande al Río Grande, Anestesia.
- Es que usted lo ve desde su pequeñez, abra el alma a la grandeza, no sea tan chiquito hombre, que pa´ chiquita ya estoy yo.
- Usted no es chiquita, Anestesia
- Vamos, hombre, no me mienta, yo sé que mi tamaño es cada día más exiguo. Pero lo que pierdo en materia, lo gano en esencia. Mi meta máxima, mi nirvana, será el día es que sólo sea un vapor, un rocío matutino, un desodorante en aerosol, una pareja para el raid. Cierre los ojos.
- ¿Para qué?
- Usted sólo ciérrelos.
- Ya está.
- Ahora piense en lo que para usted representa la cosa más grande de todas. Y no abra los ojos hasta que yo le indique.
La situación empieza a incomodarme. Espero ansioso la orden de abrir los ojos y encontrarme nuevamente con esta vieja enigmática, mandona y un poco ebria. La orden no llega.
- ¿Puedo abrir? - pregunto esperando sólo un sí como respuesta.
- ¡Aun no! -responde gritando. Piense en algo grande. En lo más grande. Recién ahí podrá abrirlos.
Decido hacerle caso a este recuerdo de ser humano. Cosas grandes. El Mississippi. Brasil. El cielo. El mundo.
- Más grande- vomitó-. ¡Mucho más grande! Olvídese de lo material, piense en la esencia. ¡La materia es finita, hombre!.
El esfuerzo por calmar a esa voz que venía de la sombra, no me dejó advertir la habilidad de la vieja para adivinar en que estaba pensando. Material no, inmaterial. ¿Querrá que piense en el amor? No creo. El tiempo, el espacio. El olvido, la oscuridad. La noche. Lo pequeño. Lo simple. Lo mínimo. Lo más mínimo entre lo mínimo. La vieja ésta que me despierta.
- ¿Vio? ¿Qué opina ahora? ¿Es el Río Grande o no? - me dijo sonriendo.

No respondo. Sencillamente comienzo a dudar de la utilidad de venir hasta acá, sea cual fuere este lugar. Miro con desconfianza a mi alrededor. La casa de Anestesia se parece a una cueva de araña, con paredes y techo de chapas usadas por el tiempo y pintadas por centenares de atardeceres . Es imposible imaginar a un ser vivo habitando estas tierras, tan peladas, donde no vuelan pájaros ni nadan peces, donde el sol quema para defenderse. Solo Anestesia, y unas cuantas cucarachas. Un chaperío, un dudoso río, la anciana y nada más. Pequeños puntos en el horizonte marrón. ¿Pequeños? No lo sé. Cuando los límites son difusos es difícil calcular dimensiones.

-¿Para qué vino? -pregunta.
-Porque tengo dudas de amor.
-Igual que todos - dice sentándose en el piso-. Pero en el amor no hay dudas. Cuando hay dudas no hay amor, sino ilusión o desengaño. Las dudas son antes o después. Nunca durante.

Sentada en la tierra, Anestesia parecía desaparecer definitivamente. Gastada como el fondo, la vieja se hizo invisible a mis ojos, situación que aprovechó para esfumarse sin más, dejando apenas una huella en el piso y el vaso de tequila vacío. Junto con ella, desapareció la tarde, la noche y todo lo demás.


Actualization: Lean esto. Imperdiblemente hermoso.

Etiquetas:

PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 11:07

20 comentarios:


Anonymous Anai Le ha dicho...

Muchas gracias, esto es lo que se llama "utilidad pública".
Cuando conozca a mi próximo desenamorado, enviaré al perro a la casa de mi madre.

2 de mayo de 2007, 15:05  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

La casa de su madre tampoco es un lugar seguro. Es probable que su desenamorado se haya hecho amigo de ella y la visite con frecuencia.

3 de mayo de 2007, 10:02  


Blogger cieguito ha dicho...

muy bueno, don chesterfield. no se olvide que el amor tiene las patas cortas y las alas gastadas.

ya juntaron los 97?

3 de mayo de 2007, 11:26  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Faltan veintitantos.

Sospecho que ahora que no hay premios el caudal de aportes bajará en forma dramática.

3 de mayo de 2007, 13:39  


Blogger Fedexba ha dicho...

chester, la verdad un excelente texto.

muy agradecido en leerlo...

Saludos.!

3 de mayo de 2007, 17:37  


Anonymous Anai Le ha dicho...

¡Eh!, Chester.
¿Quién eres?
¿El viejo del saco?

3 de mayo de 2007, 19:38  


Blogger Noelle ha dicho...

me siento cerca del texto porque me gustó, tan genial, tan pintoresco, pero lejos de comentar porque.. no sé, soy lejana. Como siempre. Y por qué Ciudad Juárez?

3 de mayo de 2007, 21:14  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Cieguito, Fedexba y Noelle: Gracias por las palabras elogiosas. Son muy amables.

Noelle: Comente, comente. Yo cuando leo algo que me gusta mucho en algún blog, trato de dejar algún comentario, aun si es la primera vez que entro. Un par de mimos cada tanto nunca vienen mal.

En cuánto a su pregunta sobre Ciudad Juárez, la respuesta estaba en un diálogo que fue eliminado porque no terminaba de encajar, pero que tenía patitas desparramadas por el resto del texto. Una de ellas, era el nombre de la ciudad.

Anai: Su comentario es tan inteligente que me dejó sin palabras.

También puede ser que no le haya entendido y esté disimulando.

4 de mayo de 2007, 9:59  


Blogger DIEGO. ha dicho...

Eso que la vieja le dijo, de que en el amor no hay dudas, es cierto. El amor es un gran dictador, parece.

Linda historia, y disculpe si estoy moderado pero soy medio reacio a los elogios.

Otra cosa. Tengo un relato de 100 palabras que hice para otro concurso. Cuando ande menos fiaca le saco tres palabras y lo mando para 97 relatos. Si es que todavía aceptan.

Un saludo.

4 de mayo de 2007, 11:55  


Blogger Mantis ha dicho...

Usted me hace traer nostalgia de mis propios textos.

La boca siempre es de fresa. Saludos.

4 de mayo de 2007, 12:33  


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Chester, me gustó tanto su texto que no escribí nada para no dejarlo debajo de mis pavadas.
Lamentablemente, en cualquier momento tendré que arruinar su tono reflexivo Mis sinceras disculpas anticipadas.

4 de mayo de 2007, 13:58  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Verloc, me alegra mucho ver su daguerrotipo en esta entrada.

Pensé que se había enojado, mudado, muerto o algo.

Arruine, arruine con confianza.

4 de mayo de 2007, 14:26  


Blogger Weltklang ha dicho...

Ahora que se las tomó Doña Anestesia, fijate si mientras te hizo cerrar los ojos, no te afanó la billetera.

Consejo por si lo abandona su chica: sufra, sufra sin esperanza, pero sin olvidarla, que el recuerdo es lo nico que le queda de ella

4 de mayo de 2007, 17:49  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Diego: El amor debería ser acusado de genocidio.

Para llegar a los 97 faltan 14 , así que apresúrese. Han dejado un comentario en su relato, lo vio?

Mantis: ¡Gracias!...¿Gracias?

Verloc: ¿Escuchó el tango que da pie a la historia? Le va a gustar. Se oye la friturita del vinilo.

(pinche en "muros de luna y de sol")

Weltklang: Ésta es la definitiva. De todos modos, con una hija en común olvidarla sería medio complicado.

Saludos a todos
Gracias por pasar!

4 de mayo de 2007, 22:09  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

(¿Y Anai Le dónde anda?)

4 de mayo de 2007, 22:09  


Blogger DIEGO. ha dicho...

No había visto el comentario, gracias chester por avisar.

Un saludo

5 de mayo de 2007, 19:34  


Blogger DoctorAlcachofa ha dicho...

envie mi relato.......

y los premios me importan nada, lo que cuenta es vomitar lo que no nos atrevemos a decir.

felicitaciones por el blog, es bueno

A, sin remedios conocidos y antropologo amateur del estado de animo.

7 de mayo de 2007, 12:23  


Anonymous Anónimo ha dicho...

Qué te puedo decir...la verdad me encanta tu escritura. Sobre todo tu estrategia de tapar todos los posibles agujeritos por donde se filtrarían las posibles interpretaciones del lector. Y siempre lo hacés en los paréntesis. Siga tapando así no me escabullo.

Bonita Pietila

9 de mayo de 2007, 15:28  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Alcachofa: Gracias, ya está publicado. El suyo es el relato más hot de toda la colección.

Bonita: Así me llaman los muchachos en el barrio: "el tapador de agujeritos".

10 de mayo de 2007, 22:51  


Blogger Leni ha dicho...

Hay Cosas tan complicadas en esta vida, o es acaso que nosotros las complicamos?

http://blindleni.wordpress.com/2008/02/08/complicado/

11 de febrero de 2008, 14:56  


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