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martes, 29 de mayo de 2007

   Colección de otoños

No tengo el tiempo suficiente para sentarme a escribir algo que me deje razonablemente satisfecho como para publicarlo. Igual ya era hora de que desnudara mi nueva afición.


|| desafío ||

|| rascacielo ||

|| sale el sol ||

||
cieloraso ||

|| frontera ||

Click sobre la foto para agrandar. Están en 1024 x 768.
Por si a alguien le interesa saber, fueron sacadas con esta máquina.
Las fotos no fueron alteradas con ningún programa de edición.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 22:29 | 26 comentarios

domingo, 27 de mayo de 2007

   Ahh! Soy un juguete del destino

Los designios de la providencia son inescrutables” me repetía en la calurosa tarde; Cortázar debe tener razón.
Entre los designios que la providencia me ha deparado no se encuentran la capacidad de reflexión ni la sensibilidad para temas románticos; tampoco tengo la amabilidad de tener en cuenta las opiniones de las mujeres.

Sin embargo, en los últimos años un cambio aconteció. No sé si fue la falta de contacto con mujeres argentinas (lo que implica una ausencia de problemas y complicaciones) o un acto espontáneo de madurez. Ahora las chicas me seguían pareciendo lindas pero también inteligentes.

Qué mentira era eso de Schopenhauer: “Solo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni a los grandes trabajos materiales”. Una falacia, sin duda.

Dice también este alemán grosero: “Las mujeres, en general, no aman ningún arte, no son inteligentes en ninguno y no tienen a ningún genio. Basta observar, por ejemplo, lo que ocupa y atrae su atención en un concierto, en la ópera o en la comedia, advertir el descaro con que continúan su cháchara en los lugares más hermosos de las más grandes obras maestras. Si es cierto que los griegos no admitían a las mujeres en los espectáculos, tuvieron mucha razón; al menos, en sus teatros se podría oír alguna cosa”.

Agrega esta barbaridad:

“...son tan aptas como nosotros para aprender la parte técnica, y cultivan con asiduidad el arte, sin poder gloriarse de una sola obra maestra, precisamente porque les falta objetividad en su espíritu...”

Basta corroborar la cantidad de mujeres que se inscriben anualmente en la facultad de Filosofía y Letras para refutar estas salvajadas.


.................................................................................................................................

Hoy fuí a comprar pan y me atendió una argentina.

Cuando la vi me acordé de Bioy: “No la describiré como una persona obesa pero tampoco diré que era alta”; acaso porque sigo siendo amable le dije:

-¿Que calor, no?

-La gordita se interesó –Sí, encima no me ponen aire acondicionado, en la otra panadería sí tienen y acá a nadie le importa un carajo que yo me cague de calor.

Yo no esperaba una respuesta tan especifica y prolongada, sin embargo me puse de su parte: -Yo también paso calor en el trabajo, entiendo lo que te pasa.

La gorda ingrata no pareció escuchar lo que dije y empezó una diatriba contrariada:

-Es que ahora hay que aguantarse porque con tantos inmigrantes sin papeles te tenés que quedar con estos trabajos y ni tenés aire acondicionado; a cualquiera (aquí habló de varias nacionalidades sudamericanas) le pagan lo mismo que a nosostros y bla bla bla.

Yo amagué un tímido: -Mirá, nosotros también somos inmigrantes.

La gorda pareció exaltarse ante la palabra “inmigrante” y todo su cuerpo vibró como una gelatina gigante – Sí, pero no es lo mismo –me gritó con vehemencia- no nos vas a comparar con los ............. y los.............. (nacionalidades varias).

Pagué rápido y me fuí volando; en el camino de vuelta murmuré atrocidades contra las mujeres, y creo que volví a mi estado anterior. Esto pude comprobarlo de vuelta en el trabajo, cuando una señora española, muy amable, me preguntó si me sabía de memoria algunos versos del Martín Fierro.

Sí señora, me sé éstos:

Las mujeres, dende entonces,
conocí a todas en una;

ya no he de probar fortuna

con carta tan conocida:

mujer y perra parida,

¡no se me acerca ninguna!

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El artículo que originalmente iba a publicar era una pavada acerca de la invención del dulce de leche, pero mi amigo y colaborador Chester me pidió atinadamente que reservemos este blog para temas reflexivos y que publiquemos las cosas triviales o poco relevantes en otro. Acepté esta propuesta y aquí tienen “La invención del dulce de leche” sin censura.

Gracias, y disfruten con mis reflexiones.

Nota aclaratoria 1: Esto es solamente una ficción; el encuentro entre un machista y una racista en otro país. Ambos son moralmente corruptos y aborrecibles. La gorda lamentablemente existe. El Martín Fierro también.

Nota aclaratoria 2: Odio las notas aclaratorias

Nota aclaratoria 3: Si alguien no leyó hasta esta nota aclaratoria y ya me insultó en los comentarios quede ese comentario legitimado.

Nota aclaratoria 4: Que conste que el Sr. Chester Lampwick no participa de la redacción de estos textos ni comparte mis opiniones ni escribe estas notas aclaratorias.

Nota aclaratoria 5: Si uno repite "nota aclaratoria" 10 veces en voz alta entra en trance y ve cosas extrañas.

Nota aclaratoria 6: Santucho, Guevara, la patria liberada.

Nota aclaratoria 7: nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria, nota aclaratoria,

Nota aclaratoria 8: "We all live in a yellow submarine, yellow submarine, yellow submarine"






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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 12:58 | 34 comentarios

martes, 22 de mayo de 2007

   Balconcitos urbanos: 5º Entrega.

Una nueva entrega de la serie Balconcitos Urbanos: la quinta. Esta sección está tomando ritmo, sí señor. Y la edición de hoy representa fielmente la idea original: balcones de ciudad, de esos que uno se encuentra de repente, sin buscarlos y sin esperarlos. Por suerte, ya aprendí que un buen cazador de imágenes debe llevar su cámara pegada a la piel. Aviso que también llevo pegado el bufoso cargado por si algún malandrín que esté leyendo esto sueña con mamarse gracias a las monedas que le den por la reventa en la 2001.




Dos hermosos balcones, de diferente estilo, en una misma casa. A esto yo le llamo eficiencia. Típica casa marplatense, construida probablemente entre 1940 y 1950. Mar del Plata no se destaca especialmente por la conservación de su pasado arquitéctonico. Las majestuosas casonas construidas a principio del siglo 20 fueron desapareciendo asesinadas por horribles edificios. Así que este tipo de casas -con su frente de madera y piedra- constituyen hoy en día piezas únicas de la historia de la ciudad. Por ahora, hasta que empiecen a derribarlas para construir más edificios horribles.





Quien conozca la ciudad, reconocerá rápidamente esta esquina céntrica. Acá el balcón es casi lo menos importante. La cúpula es una joyita y forma parte de una serie de construcciones similares ubicadas a pocas cuadras de distancia. No conozco la historia de esta cúpula, pero me imagino que debe ser bien interesante.

Durante años, esta esquina fue punto de encuentro de jóvenes en estado de previo amorío. Luego de que éstos volaran hacia otras esquinas, se transformó en una pizzería de lo más opaca, para finalmente devenir en sede de una tienda de ropa de moda.

¿A quién no les gustaría estar sentadito en ese balcón una noche de verano? En invierno no es recomendable salvo que sean osos polares o ingleses.

Click para agrandar la foto y maravillarse con los detalles.




El hotel Split. Split en referencia a la ciudad croata que hizo famosa Goran Ivanisevic (bah, para los que nos gusta el tenis). Imagino a los croatas dueños de este hotel festejar en silencio el tercer puesto de su selección de fútbol en el mundial de Francia o el triunfo de Goran en el Wimbledon del 2001.

Muchos emigrantes de los países balcánicos eligieron Mar del Plata y otras localidades costeras (por ejemplo, Villa Gesell) y se dedicaron a la hotelería. Durante la fiesta de las colectividades, se muestran todos juntitos en un solo stand, como desafiando a los caprichos de la geopolítica.



Ya hablé de las casas típicas de frente de piedra. Ésta representa al estilo ferroviario propio de todo pueblo nacido alrededor de una estación. La foto no expresa la belleza del balcón en toda su magnitud, pero les aseguro que es muy impactante. Mide, creo yo, unos 20 metros y abarca de principio a fin el frente de la casa. Es un balcón a la nada, no ofrece otra vista más que una calle oscura y sin detalles. Y aun así, dejaría más que algunas horas merodeando entre sus rejas.










Nota: La "2001" es una galería donde se recompra lo que nos fue sustraído. Si usted -sin querer- acaba de robar algo y no sabe dónde venderlo, la 2001 es el lugar.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 18:55 | 7 comentarios

viernes, 18 de mayo de 2007

   El accidente de un cronista

"Qué es nuestra vida más que un breve día,
do apenas sale el sol, cuando se pierde
en las tinieblas de la noche fría".

Los grandes de la literatura tienen a sus cronistas. Johnson tuvo a Boswell y Borges a Bioy Casares. Incluso Juan Salvo “El Eternauta” tuvo a “Mosca” (ésto delata que me hago viejo). Es algo así como una escalera, en la que nadie se encuentra en el primer ni en el último peldaño. Todos podemos aspirar a tener a nuestro Boswell y a creernos Johnson por un rato o a ser el cronista de Hernán Cortés y resignarnos a ser una sombra. Quizá haya algún gil al que podamos engañar y hacerle creer que nuestras pobres idioteces son grandes cosas.
El problema es que estos giles generalmento no son nuestros cronistas, o quieren cobrar por la tarea.
Yo tuve más suerte, conocí a un tipo que admiraba todo lo que yo hacía y decía hasta la obsecuencia; llegaba a ser incómodo, molesto. En mi rutina carente de riesgos nada suele asombrarme demasiado. Esa falta de asombro, causada seguramente por la indiferencia y el tedio, era a la vista de mi amigo una inequívoca señal de coraje y seguridad.
Otros, sutilmente, quisieron hacerle entender que mis andanzas no tenian ningún mérito: ¡Dejá de emular al retardado ese!, ¡No ves que és un imbécil!. No hubo caso, el tipo insistía en seguirme a todas partes y en reírse de mis chistes, o en hacer gestos afirmativos mientras iba siguiendo mis palabras.
Entonces, un día, ya harto, mientras saliamos del maxikiosko, le dije : ¿Por qué no anotás todo lo que yo digo y hago, así componés unas crónicas sobre mi interesante vida?. Y de paso me dejás comer en paz.

Le pareció una idea estupenda, entró nuevamente en el kiosko y esta vez regresó con una libreta en la mano. Embelesado, sacó una lapicera del bolsillo y se puso a escribir. A partir de ese momento todos los aspectos de mi rutina diaria quedaron registrados. Como no quiero agobiar al casual lector de blogs, ávido de brevedades, con párrafos largos y triviales, haré un resumen de los últimos 10 años.

Abril 1997

..."Verloc, lo estoy viendo, metió un alfajor fantoche dentró de un yoghurt con cereales y se dispone a comer; no puedo dejar de observar (ya que no cierra la boca), la masa aglutinante de vivos colores que se revuelve en su boca, se asemeja a un universo caótico. ¡Qué contraste tan maravilloso!, su serenidad intelectual y esa pasta arremolinandose, los pedazos de alfajor cayéndose, y sus ideas afirmándose...”

Mayo 2007

...”No se que hago en este hospital, las enfermeras no me lo han querido decir; tengo la sensación de haber estado aquí mucho tiempo, entre mis pertenencias estaba esta libreta, reconozco mi letra. Lo último que recuerdo es estar en la vereda junto a una obra en construcción. Verloc estaba sentado en un banco, sobre la misma vereda, unos pasos más adelante; estaba comiendo desaforadamente y miraba embobado a las maquinas trabajar (Creo que siempre me repugnó su desorden alimenticio y su bobera). Súbitamente Verloc volteó la cabeza y señaló algo sobre mi cabeza, trató de hablar o gritar, pero se atragantó con el alfajor y empezó a toser; luego un estruendo."

..................................................................................................................................................

En realidad yo quería escribir sobre "El Eternauta"; mejor dicho sobre una pesadilla que se repite cada tanto, desde mi niñez, desde que vi esta imagen:

Me despierto antes de que el "mano" me convierta en hombre-robot, clavándome esa horrible tapa de termo inoxidable con púas.


La verdad es que el tema no daba para mucho...

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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 21:17 | 21 comentarios

lunes, 14 de mayo de 2007

   Aprendiendo a leer el diario

Nunca fui de los que recuerdan con orgulloso detalle su paso por el secundario. Las veces que me tocó participar en algún contrapunto de anécdotas, asistí callado al relato de los demás, con la calma certeza de quien no puede distinguir entre la verdad y la fantasía. Nombres, caras e historias van tomando la forma del recuerdo, persistiendo apenas las que mi memoria elige para que el olvido no desmantele por completo mi existencia. Entre ellas resiste, como un pueblo aferrado a una montaña, la broma que Rubén le jugaba diariamente a cada uno de los profesores.

La broma no era inteligente. Ni siquiera graciosa. Pero él la repetía una y otra vez, sabiendo que encontraría aprobación en esa audiencia sedienta de desenfado quinceañero. Alcanzaba con que Rubén hiciera una vez más su gracia para que los demás festejáramos la cara de desconcierto del docente de turno.

- Las poleas se clasifican en simples y compuestas – dictaba Zaldívar

- ¿Y esto me va a servir para leer el diario?

Hubiera sido interesante que algún profesor se tomara el tiempo para explicarle a Rubén de qué forma los contenidos de su materia le ayudarían en el entendimiento de las noticias, no porque esto deba ser un objetivo de la enseñanza ni porque fuera importante egresar de la escuela con tal habilidad pero sí al menos para poner fin a esa rutina. Que alguno se le plantara y le dijera claramente: “Mire Ferrase, si usted sabe cómo funcionan las poleas, podrá entender por qué descendió medio punto la tasa Libor, por esto, por eso y por aquello”. Pero ninguno respondía nada. Simplemente lo ignoraban y seguían con el temario previsto para ese día.

La pregunta de Rubén no era del todo ilógica. “Leer el diario” es considerado casi como un deber cívico insoslayable, pese a que no es otra cosa que sentarse a oír lo que otros vieron y piensan; una realidad –a nuestros ojos- ajena e imperfecta. Aunque nos resulte más cómodo la sensación de “estar informado”, deberíamos entender que no hay más realidad que la que uno mismo se provee.

A Ferrase no lo vi más, no sé a qué se dedica ni si su interés por aprender a leer el diario era genuino. Después de tantos años, me pregunto si yo habré aprendido.


Crece la inseguridad en algunos barrios de la ciudad

- Yo creo que ella sospecha algo.

Hablan sin mirarse y pronunciando frases cortas. Una vez más coinciden en la guardia de la esquina de la estación, frente al café Merlo. Una esquina muy dinámica, puerta de entrada a una abigarrada sucesión de locales que conforman el centro comercial del barrio Santa Rosa. Son las cinco de la tarde, hora en la que el movimiento de gente y autos comienza a crecer. Natalio advierte que ya no quedan mesas libres junto a la ventana. Se siente observado y le molesta: él es el que debe observar a los demás.

- Yo te digo que no sospecha nada. Es que vos estás con cola de paja. Si no te calmás, sí se va a dar cuenta de todo.

- Deberías contarle de una vez. Me lo prometiste. Y además ella no se merece que le hagamos esto.

- No es el momento. Ya lo hablamos. No es el momento.

Julia se acomoda ingenua el uniforme sólo para mirar veladamente a Natalio. La luz del atardecer iluminando su cara lastimada por la gorra era un espectáculo que la cautivaba –desde aquella primera vez en la esquina del Merlo-y se le hacía difícil disimularlo. Pero ya estaba cansada de esta historia. Y tenía decidido decirle –cuando encontrara el momento oportuno - que todo había acabado. “Se lo tengo que decir cuanto antes” pensó, mientras retomaba su postura vigilante. No conviene distraerse demasiado mientras se está de guardia.



Aumentan las quejas por ineficiencias en el transporte público

- Tardaste mucho, ya no sabía qué hacer. ¿Cómo te fue?

- Después te cuento. No quiero quedarme ni un segundo más en este pueblo del infierno. Sucio, caluroso, con ese polvillo que se te pega hasta en el alma. ¿Qué hora es?

-No sé. No corras que correr en este pueblo es motivo de sospecha.

Miro a mi alrededor. Trato de buscar alguna referencia horaria. La posición del sol, la gente yendo o viniendo del trabajo, un tendero abriendo o cerrando su almacén. Nada. Siento que en este lugar la vida se mueve sin tiempo, sin necesidad de horas. No hay movimiento, los ciclos transcurren a un nivel que los forasteros no alcanzamos a percibir. Y esta maldita manía mía de no usar reloj.

-Gracias, don –dice Esteban mientras palmea en la espalda a un hombre bastante mayor. Ahora me mira y sonríe.

- Las seis y cuarto –comenta aliviado-. Pensé que era más tarde. El último tren sale a las seis y media. Tenemos tiempo, la estación ya está a la vista.

Siento que Esteban está ganando de nuevo y me enfurezco. Ojalá alguna vez los trenes se adelanten y dejen de a pie a los que huyen.



Por culpa del calentamiento global, las tormentas serán más frecuentes

- ¿Recordás el color que tenía el cielo el día en que nos conocimos?

Como tantas otras veces, no respondo. Espero ansioso que su boca pinte de nuevo aquel cielo furibundo.

- Era de un rojo que daba miedo. Parecía que estaba por venir el fin del mundo. Pero era el principio.



Nota 1: Algunos nombres han sido modificados, no para proteger la intimidad de las personas intervinientes sino porque los reales no eran muy lindos.

Nota 2: Ya sé que la foto no tiene nada que ver. Sólo es una excusa para invitarlos a que vean algunas fotitos que saqué.


Actualization: Si desea que Nunca hubo una vez publique su noticia, envíela a nuestro mail institucional (sí, el mismo de los balconcitos).

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 4:12 | 20 comentarios

jueves, 10 de mayo de 2007

   Balconcitos urbanos: 4º Entrega. Edición especial

Debido a que necesito tiempo para terminar de (shhh, entre nosotros, empezar a) desarrollar algunas ideas en un artículo que se deje leer entero sin vomitar más de dos veces, publico la cuarta entrega de "Balconcitos Urbanos". Ésta es una edición muy especial, ya que está conformada por balconcitos enviados por dos bloggers amigos de Nunca hubo una vez: el señor The Bug, quien aun está medio turulutu por la visita de la Srta. Castrelli a su blog y la Sra. Baterflai, mantantirulera y conocidísima coleccionadora de culos de estatuas. Sin más preámbulos, a los balcones.



• Los balconcitos de Palma de Mallorca tienen ese que sé yo. Bater tomó estas fotos exclusivamente para esta sección -aun sin saber que existía- en su visita a Palma. No voy a dar detalles de para qué fue ni de las aventuras que vivió así que no pregunten. Hermosos balconcitos mallorquines.









• Rosario siempre estuvo cerca. Bueno, capaz que para los de San Nicolás, a mí me queda como a 800kms. The Bug nos envía este majestuoso balcón (me da no sé qué llamarlo balconcito), ubicado en pleno casco céntrico. Debería ir a Rosario en agosto, mi primo está por ser papá pero bueno, éste no es el momento de decidirlo. Según nos cuenta nuestro polentoso y pajaritero amigo (pajaritero, lean bien no sean tarambanas) el balcón está en una zona que conserva muchos caserones de principios del siglo pasado, que resisten tenazmente al avance de los edificios cuadripléjicos diseñados por arquitectos graduados en serie. Cruzando la calle, una de las iglesias más bonitas de Rosario.




Si quiere que su balconcito aparezca en esta sección, mándelo adonde usted ya sabe. ¿No sabe? Bueno, aprenda.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 15:26 | 7 comentarios

viernes, 4 de mayo de 2007

   Crotos, cirujas y linyeras

Acaso fué la inesperada repercusión del concurso de cuentos, o quizá la elevada factura de electricidad, pero lo cierto es que se me hizo difícil encontrar alguna idea que no devalue el blog; no se me ocurria nada que valga la pena escribir.

Pensé entonces en reeditar mi denuncia contra alfajores fantoche triple o en redactar algun tratado sobre vagabundos.
Me decidí por el tratado sobre vagabundos.

Lo titularía. “Las divergencias sociolingüísticas en la definición de vagos rioplatenses”; al final le cambié el título por “Crotos, cirujas y linyeras”.

La idea era resaltar el ingenio criollo. Además de hacer chorizos, los criollos somos mejores que nadie (lease "nadie" como "todos los demás") a la hora de inventar palabras o de dar múltiples significados a un vocablo. En un punto, sin embargo, no hemos sido superados: somos los únicos que definimos vagabundos según su actividad. Esta era la base de mi tratado.

Éste es un resumen de las 467 páginas que llevaba escritas:

Croto: El más sucio de todos, usa ropa de invierno en verano, sedentario, vive y pulula en un radio de 6 cuadras a la redonda y duerme casi siempre en el mismo lugar, es alcohólico.

Ciruja: Nadie sabe donde vive, y se caracteriza por recolectar cosas que no le sirven a nadie. Tampoco se sabe donde terminan esas cosas. Son parcos y huraños.

Linyera: Éste es el más romántico, recorre ciudades, suele bañarse al menos una vez por año, viaja ligero; los más viejos son sabios o reyes caídos en desgracia.

Hasta ahí todo marchaba bien; mi pluma (yo soy anticuado) seguía con precisión el orden inequívoco de mis pensamientos; todo encajaba como en un sudoku de nivel “fácil”.
Al cabo de unos días, alguien, no sé quién (aunque las sospechas recaen sobre mi primo “el petaca”), alertó al barrio de la inminente publicación de mis escritos; sucedió lo previsible:
vecinos indignados portando antorchas reclamaron la inclusión de “atorrante” en la lista; con el pie en la puerta razoné con ellos: ¡Mirá viejito, atorrante significaba "vagabundo dormitador callejero" en en los años 30, ahora no. Los atorrantes son libertinos y las atorrantas, simplemente “chicas ligeras”!. Una señora, con una bata roja y pantuflas me gritó: ¡Machista, siempre con las connota.....¡PAAFF!, el portazo la silenció.

En mi extensa bibliografía citaba la canción de Pedro y Pablo “Che, ciruja”, de pésima letra, que describe con notable lucidez las tareas del ciruja. Destaca la parte “Che ciruja, perdoname si no te sirve mi voz, a lo mejor mañana en la basura como esas cosas que nunca perduran encontrás esta canción”. Perdurará, porque yo la cito acá.

En un anexo de 127 páginas, ataqué despiadadamente a la banda “Los Piojos” y a su desprevenido cantante “Ciro” por la autoría de la falaz canción “El balneario de los doctores crotos”, que comienza así: “Iba confiado el linyera en la playa, donde ninguno se baña...”. ¿Es un linyera o un croto? ¿O és que éste tal “Ciro” no sabe la diferencia?. Que ineptitud, le da lo mismo un croto que un linyera, qué bruto.

Todo estaba listo para la publicación, los editores se frotaban las manos (perdón, se lavaban las manos), el blog volvería a ser lo que fué (hace unos 10 días).
Pero entonces, vino un alemán.
Me dijo que en su lengua también había palabras específicas para cada tipo de vagabundo, y más de tres, unas 15. Una define a los cirujas con bigote, otra a los linyeras que eventualmente recogen algo, otra a los crotos que duermen debajo de los puentes; afirmó que tienen vocablos para cada aspecto de la vagancia; yo no quise escucharlo, y cuando llegué a casa fingí que nada había pasado.

Pero luego, al ver los ejemplares terminados encima de la mesa, me sentí muy desdichado. Había mandado a imprimir 6 copias, para todos mis amigos y familiares.

Antes de tirar todo al fuego le mandé un copia a Ciro, es el único ejemplar que sobrevivió a las llamas. Que Dios se apiade de su alma.

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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 14:06 | 15 comentarios

miércoles, 2 de mayo de 2007

   Penas de Amor

Los vientos murmuran mi pena.
Las sombras me dicen que ya se marchó.
Y escrito en las noches serenas
encuentro su nombre como una obsesión.


No hay tragedia más perturbadora que la de un enamorado tratando de recuperar a su amada, convencido de que el amor sólo está jugando a las escondidas un rato. Empujado por esta creencia, llevará a cabo dispares locuras para recobrarla, desde llamados anónimos para escuchar un “hola” de su boca (de fresa) hasta matarle al perro y fabricar embutidos con sus restos. Escribirá poemas con liquid paper en la parte de atrás de los asientos de los colectivos y acusaciones injuriosas en muros de luna y de sol.

El enamorado desarrollará, en la mayoría de los casos, ciertas manías obsesivas: empezará a ver a su amante en todas partes y creerá que ésta se ha vuelto una ramera que entrega su cuerpo a cualquier transeúnte. Luego vendrá el recuerdo minucioso de cada baldosa que pisaron de la mano y cada película, cada libro, cada revista, cada afiche y cada etiqueta de información nutricional que leyeron juntos. Finalmente, el enojo, la furia, el perdón, el olvido y tras cartón, la muerte.

Todo este trágico asunto nos remite a una reflexión acerca del carácter temporal del amor. Muchas canciones lo han dicho, y otras miles no. Duras batallas han enfrentado desde siempre a los partidarios del amor eterno y a los militantes de las aventuritas pasajeras. Muchas de aquellas habrán finalizado, como corresponde a toda apasionada discusión, con la presencia de gases lacrimógenos y balas de goma. Pero ningún bando posee la verdad absoluta. Por eso, y como ante toda duda de amor, recurrimos a la palabra experta de nuestra querida anciana Anestesia López, residente en Ciudad Juarez, México. Hacia allá vamos. Nos subimos a nuestro Dodge 1500 azul, auténtica joya del automovilismo nacional. El camino es polvoriento, seco, olvidado, olvidable. La muerte parece perseguirnos, o mirarnos pasar, sentada a la sombra de alguna sombra. Desierto inacabable, sin rastros, sin huellas, parajes inundados de ánimas perdidas, porque alma que llega a este desierto jamás encuentra el camino de salida. Nosotros sí. Llegamos luego de muchas horas de viaje, dejando una estela de calor como marca de nuestro paso, muchas latas de gaseosa vacías y varios paquetes de galletitas "aventura". En realidad, no fueron tantas horas, sino más bien pocas. Muy pocas. ¿Cómo llegamos a México en apenas un par de horas? ¿Cuándo cruzamos el Canal de Panamá? ¿Por qué hablo en plural si estoy viajando solo? Porque es un recurso literario mediante el cual se busca integrar al lector en el relato, de forma tal que se sienta parte de la historia que se está narrando. Ah. Hola lector, como le va. Así que usted está viajando conmigo. Bueno, mucho gusto. Que calor, no? Me parece que va a llover, lo dijeron en la radio. Vamos, acováchese donde pueda que el cuento es largo e incómodo.

Hallar a doña Anestesia, fue sumamente trabajoso, un poco por el misticismo que rodea a todo sabio anciano, y otro poco -principalmente-, porque la vieja está cada día más chiquita y la muy desgraciada se escabulle por cualquier rincón. La encontré dentro de un caño de agua, tomando tequila con naranja. Le acerqué mis dudas acerca del lugar en el que me encontraba.

- Amigo, -me dijo - esto es México, la tierra de Pancho Villa y el Padre Hidalgo, de Chespirito y de Hugo Sanchez. ¿Ve aquel río? Es el Río Grande, agua santa, urna sepulcral de tantos compatriotas.
- Me lo imaginaba más grande al Río Grande, Anestesia.
- Es que usted lo ve desde su pequeñez, abra el alma a la grandeza, no sea tan chiquito hombre, que pa´ chiquita ya estoy yo.
- Usted no es chiquita, Anestesia
- Vamos, hombre, no me mienta, yo sé que mi tamaño es cada día más exiguo. Pero lo que pierdo en materia, lo gano en esencia. Mi meta máxima, mi nirvana, será el día es que sólo sea un vapor, un rocío matutino, un desodorante en aerosol, una pareja para el raid. Cierre los ojos.
- ¿Para qué?
- Usted sólo ciérrelos.
- Ya está.
- Ahora piense en lo que para usted representa la cosa más grande de todas. Y no abra los ojos hasta que yo le indique.
La situación empieza a incomodarme. Espero ansioso la orden de abrir los ojos y encontrarme nuevamente con esta vieja enigmática, mandona y un poco ebria. La orden no llega.
- ¿Puedo abrir? - pregunto esperando sólo un sí como respuesta.
- ¡Aun no! -responde gritando. Piense en algo grande. En lo más grande. Recién ahí podrá abrirlos.
Decido hacerle caso a este recuerdo de ser humano. Cosas grandes. El Mississippi. Brasil. El cielo. El mundo.
- Más grande- vomitó-. ¡Mucho más grande! Olvídese de lo material, piense en la esencia. ¡La materia es finita, hombre!.
El esfuerzo por calmar a esa voz que venía de la sombra, no me dejó advertir la habilidad de la vieja para adivinar en que estaba pensando. Material no, inmaterial. ¿Querrá que piense en el amor? No creo. El tiempo, el espacio. El olvido, la oscuridad. La noche. Lo pequeño. Lo simple. Lo mínimo. Lo más mínimo entre lo mínimo. La vieja ésta que me despierta.
- ¿Vio? ¿Qué opina ahora? ¿Es el Río Grande o no? - me dijo sonriendo.

No respondo. Sencillamente comienzo a dudar de la utilidad de venir hasta acá, sea cual fuere este lugar. Miro con desconfianza a mi alrededor. La casa de Anestesia se parece a una cueva de araña, con paredes y techo de chapas usadas por el tiempo y pintadas por centenares de atardeceres . Es imposible imaginar a un ser vivo habitando estas tierras, tan peladas, donde no vuelan pájaros ni nadan peces, donde el sol quema para defenderse. Solo Anestesia, y unas cuantas cucarachas. Un chaperío, un dudoso río, la anciana y nada más. Pequeños puntos en el horizonte marrón. ¿Pequeños? No lo sé. Cuando los límites son difusos es difícil calcular dimensiones.

-¿Para qué vino? -pregunta.
-Porque tengo dudas de amor.
-Igual que todos - dice sentándose en el piso-. Pero en el amor no hay dudas. Cuando hay dudas no hay amor, sino ilusión o desengaño. Las dudas son antes o después. Nunca durante.

Sentada en la tierra, Anestesia parecía desaparecer definitivamente. Gastada como el fondo, la vieja se hizo invisible a mis ojos, situación que aprovechó para esfumarse sin más, dejando apenas una huella en el piso y el vaso de tequila vacío. Junto con ella, desapareció la tarde, la noche y todo lo demás.


Actualization: Lean esto. Imperdiblemente hermoso.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 11:07 | 20 comentarios