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sábado, 30 de junio de 2007

   Esperando el festejo II

El amigo Aerolardo -a esta altura, el dibujante de cabecera de Nunca hubo una vez- nos favoreció con este fantástico regalo por nuestro quincuagésimo aniversario. Queremos creer que es el primero de muchos que van a venir de parte de nuestros lectores.

Porque seamos honestos, todo esto del festejo no es más que un fantochada para recibir regalos. Por favor, no nos defrauden.


|| Valquiria morocha ||


¡Humille aerolardo!
(Aviso: Hemos habilitado una mesa de consulta 0-800-aerolardo para atender las dudas acerca del significado oculto del dibujo. También hemos preparado un listado de FAQs que pueden consultar haciendo click acá. Gracias.)



Nota: Los fleteros que cuentan los posts -que son los mismos que contaban las palabras en el concurso de relatos y que siguen acá no sé bien por qué, ¡fusss fleteros, fusss!- me informan que si seguimos estirando el festejo, el post Nº 50 va a caer aproximadamente en el número 53.

PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 19:55 | 4 comentarios

martes, 26 de junio de 2007

   Esperando el festejo

(temporada de refritos)


Con Verloc nos dijimos: "Ya es hora de que festejemos algo". Y nos pusimos a pensar qué. Lejos aun de toda cifra medianamente festejable (no sé, 19997 visitas, 751 días, 13331 comentarios), decidimos que fuera la entrada número 50 de este blog. Por cierto, 50 entradas entre dos personas en 5 meses no parece gran cosa, pero, amigos, es lo que hay. Podríamos no haber llegado ni a tres, que tanto.

Como parte de los festejos, y antes de llegar a "The Big Ground 50-fifty", se reeditarán dos artículos que fueron publicados en la época oscura de Nunca hubo una vez, cuando a este blog no lo leían ni nuestras madres. Bueno, ahora tampoco lo leen. ¿¡Por qué mamá, por qué!? ¡Nunca te interesó nada de lo que hice! ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Te odio, mamá!




comodines
Autor: Chester J. Lampwick


Que la vida está llena de complicaciones desagradables no es ninguna novedad y está fuera de discusión. Puede ser que a alguno le parezca obsceno que lo diga alguien que evidentemente no tiene dificultades para alimentarse diariamente y dormir bajo techo en una cama limpia. Parte de razón tiene. Digo parte porque mi cama está limpia sólo a veces. Y cuando llueve mucho me empieza a entrar agua por el techo. Y acá llueve mucho siempre, por eso tampoco puedo lavar las sábanas muy seguido.

Pero aun así, me reservo el derecho a quejarme del insólito despropósito que nos plantea la vida. Y si usted es uno de esos africanos hambrientos que retrata tan bien la National Geographic, quéjese también. Lugar para quejarse sobra.

No sé cómo será su vida, ni siquiera lo conozco, no sé cómo se llama ni nada, pero podría inferir que como muchos de nosotros, pasa el 85% de su tiempo tratando de alcanzar "eso". Eso, lo que sea, lo que nuestra inocente-mente-adulta-pero-infantil nos incite a desear. Póngale el nombre que quiera: amor, dinero, fama, éxito, sexo, trabajo, comida, una cama limpia. Ese eso, como ya habrá notado, parece siempre inalcanzable. Malas noticias: no parece, es. Acéptelo.

Y si usted es creyente, acepte de una vez por todas que el dios (así con minúscula, para acentuar el enojo) que le regaló el “don divino de la vida (sic)” se complace viendo como usted la dilapida tratando de superar las arbitrariedades que él mismo dispone. Si no está de acuerdo conmigo, vaya y récele a su santo preferido para que le ayude a obtener ese trabajo que tanto ansía. ¿Ah, lo consiguió? Seguro que no es lo que esperaba, la paga es mala y el horario peor. ¿Sí era lo que esperaba y las condiciones son excelentes? Lamento decirle que mañana va a recibir pésimas noticias sobre su salud. Específicamente, un piano caerá sobre su cabeza.

¿Está comenzando a indignarse? Bueno, ponga atención a lo siguiente: para algunas personas las cosas son sencillas. Esto es aun más decepcionante. No hacen nada y consiguen todo. ¡Oh, cuánta injusticia! Un consejo: no se enoje con esos afortunados porque también son víctimas de esta cruel perversión. Y esa entelequia a la que su alma le lava las patas, probablemente se divierta viendo como nos agarramos a palazos entre todos.

Y siéntese que no terminé, esto es más grave de lo que parece: ésta podría ser su única vida. Porque no nos engañemos, eso de la reencarnación es medio una pavada, si no mire lo que afirma un consejero espiritual que encontré en el google:

“Discúlpeme hermano pero qué disparate más grande. En este caso, en respeto a quienes creen eso, prometo que la próxima vez que me coma un "taco de carnitas" lo haré con más respeto, no vaya a ser algún conocido de ellos.”

¡Qué desolación! Lo que deseamos no llega nunca, nuestra única vida se escapa, y nuestro creador no nos da bolilla porque está más ocupado que estos señores. Resumiendo: un verdadero desastre. Yo creo que es hora de que nosotros hagamos algo. Me refiero a la raza humana, nada de intervención divina. No queremos milagros raros una vez por milenio, qué solo sirven para santificar a algún ñato. Sólo los humanos, los dioses que miren desde afuera.

Yo he pensado algo que podría mejorar nuestras vidas y me gustaría que discutiéramos su posible aplicación: un sistema de “comodines”. ¿Cómo funcionaría? Muy sencillo, mire:

En un determinado número de veces durante nuestras vidas (creo que 3 estaría bien), podríamos acceder a “eso” que deseamos sin necesidad de hacer ningún esfuerzo. Tenga en cuenta que en este proyecto no habrá intervención divina de ningún tipo, así que no valen pedidos que requieran una solución sobrenatural. Ejemplos de ésto serían: “curarme de una enfermedad incurable”, “convertirme en Pamela Anderson”, “levitar y pintar el techo sin usar escaleras”, “que Marilyn me cante el feliz cumpleaños el próximo año, mientras JFK se pone morado de celos”, etc. Eso es materia de alguna serie de TV o de algún cuento infantil. Esto es otra cosa.

Yo me refiero a lo siguiente: estoy muerto de hambre y no tengo plata ni para pedir que me regalen un pancho. Entonces voy al restaurant que más me gusta y apelo a un comodín para comer como un rey sin dejar siquiera propina. Estoy cursando la Licenciatura en Física y tengo que rendir el final de Mecánica Cuántica II, la última materia que me falta para recibirme. Me presento a la mesa y digo con voz clara: “Profesor Tellechea, no estudié, pero como aun me queda un comodín, apruébeme y dígame Licenciado”. No es válido exigir que el colectivo esté esperándonos en la parada (sería un tanto extraño, ¿no?), pero si estamos muy apurados podríamos parar un taxi y solicitar que nos lleve a dónde sea, sin pagar obviamente. Habría que ser bastante sonso para desperdiciar un comodín en una pavada semejante, pero no es momento para andar juzgando los deseos de otros.

Otra situación (un poco más picante, así que retire a los niños):

- Señorita, no se ofenda pero me gustaría invertir uno de mis tres comodines explorando las vicisitudes de su cuerpo.
- ¡Oh, que altísimo honor! No sabe lo grato que es para mí que alguien me elija como expresión máxima de sus deseos.
- Y si no le parece mal le podríamos rendir honores a sus amigas también. Por los comodines no se preocupe, yo invito.


Nótese lo solidario del sistema: otros nos ayudan a alcanzar nuestros sueños al mismo tiempo que somos vehículo para la concreción de los afanes ajenos.

Creo que esto podría funcionar. Requiere algunos ajustes y la reglamentación de algunas áreas dudosas, en las que puede ser discutible si los dioses intervienen o no. El amor es una de ellas. Al principio difícilmente una persona se enamore de otra por el mandato de una convención. Incluso aquella podría haber entregado ya un comodín de amor a un tercero. O a varios. Pero con un reglamento claro no debería haber problemas. Menos si como sospecho, el 99% de nosotros se habrá gastado sus cartas antes de los 16 años. Y a esa edad, el amor no es una variable que entre en juego.

Mientras escribo esto, trato de imaginar en que utilizaría yo mis comodines. Seguro que uno me lo reservaría, soy odiosamente cauteloso. Para los dos restantes, busco en mi pasado situaciones en las que deseé sin éxito que las cosas se dieran de una manera determinada. Fueron muchas, pero pocas realmente importantes. No es tan difícil darse cuenta. Dos ya los habría gastado. Y tengo muy claro en qué.






Advertencia pro(nada que ver con MM)-participación del público lector: ¿Ustedes en qué gastarían sus comodines? Eh? Eh? Por favor, participen, ¡PARTICIPEN! ¡ACÁ HACE FALTA MÁS PARTICIPACIÓN! ¡POR ESO ESTAMOS COMO ESTAMOS! ¡PORQUE NADIE PAR-TI-C-I-PA! ¡ESTE ES EL PAÍS DEL NOTEMETAS!

Advertencia chicanera para motivar la participación del público lector: Claro, cualquier gil les pregunta algo como "Sugus de menta: Sí o no" y ustedes le llenan el blog de participación. En cambio, yo pregunto algo re-profundo y salen todos rajando como vaquitas de san antonio. ¡No quieren pensar! ¡Son unos nenes de jardín que no quieren pensar! ¡Lero, lero, las vaquitas de san antonio no quieren pensaaar!

PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 21:51 | 30 comentarios

sábado, 23 de junio de 2007

   La banda del club de los poetas maltrechos del sargento Gelman

Una de mis preferencias es la poesía, me gusta leer poemas. Antes de que me tilden de sensiblero o romántico les diré algo: no tengo corazón, tengo una lata de atún o un pomelo. Los andaluces me lo dicen, pero con más gracia: ¡Tú, niño, no tiene zangre, tiene horshata!. Para conocer más acerca de la horchata y las propiedades de la chufa pinche aquí.

Hace unos días comencé a visitar blogs a través de links en otros blogs; de puro aburrimiento seguí pinchando y pinchando links.

No se cómo llegué a tener 7 u 8 ventanas abiertas con blogs de poemas; después comprendí que los blogs de poetas solo linkean (en su mayoría) a otros poetas; casualidades. Ya no me sorprende la cantidad de blogs que hay, aunque reconozco que no esperaba encontrar tanto poeta suelto, me sentí abrumado; pero lo peor estaba por llegar:


He descubierto una trama internacional de poetas de poca monta que quieren dominar el mundo.


Leyendo los cometarios en estos blogs empece a notar, a sentir, los sutiles hilos de esta trama siniestra: hay miles de poetas más o menos malos que escriben poemas más o menos pésimos, y que además forman una gran comunidad de aduladores de poemas malos de otros, una secta en toda regla.; no hay rimas en esa poesía, es libre, versos libres, a lo Walt Whitman, pero las hojas y la hierba se las fumaron.

Son almas libres que pululan la Vía Láctea y no les gusta la rigidez de la métrica; han hecho un esfuerzo muy grande para no caer en las garras de soneto, de los endecasílabos y de la inteligencia.

Usted, prejuicioso lector, no piense que se trata de adolescentes desengañados que escriben los tormentos de su primer amor: hombres y mujeres de toda edad escriben toneladas de poemas a diario (yo mismo los he pesado).

He leído algunos poemas (que no citaré) y mi primera reacción fue: pobre criatura, debe estar sufriendo su primer desengaño. Mi desengaño fue mayor al pinchar en el perfil y ver que se trataba de un tipo de unos 55 años, de espeso bigote y cara de pervertido.

No me atreví a copiar ninguno de los poemas, ya que esta gente cuenta con abogados carísimos que seguramente terminarían embargándome la papa y la planta.

He leído esto en un blog:

Todos estos poemas están protegidos en la Dirección Nacional del Derecho de Autor de la República Argentina. Se requiere autorización para ser reproducido en otro medio.

Escalofriante. ¿Y a mi quién me protege, eh?. Debe ser un trabajo enorme el del estado argentino, teniendo en cuenta la cantidad de poemas que hay por ahí, tener que protegerlos a todos en la Direccón Nacional del blabla bla. ¿Existe ese organismo?. Me imagino a un pobre empleado, viejo y cansado, con anteojos gruesos, guardando una copia impresa de cada uno de esos poemas, en folios numerados y con un sello rojo "protegido".

¿Será Juan Gelman el jefe de esta organización delictiva?, yo lo he sospechado leyendo sus gansadas. Aquí algunas pruebas:

Cosmos

sol es como tu rostro

Poco se sabe

yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos


Para finalizar voy a copiar partes de algunos poemas que son de mi preferencia y que están protegidos seguramente por alguna ley :

(María Kodama, haceme juicio)

"A qué sigues buscando en el brumoso
bronce de los hexámetros la guerra
si están aquí los siete pies de tierra,
la brusca sangre y el abierto foso"


"Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos"


"Then reached the caverns measureless to man,
And sank in tumult to a lifeless ocean :
And 'mid this tumult Kubla heard from far
Ancestral voices prophesying war !"


"And what shoulder, and what art,
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? and what dread feet?"


Para concluir, un arrebato patriótico:

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven...la novia...¡quién sabe!

Este último no me parece el mejor, pero es el que más me conmueve.



Nota aclaratoria 1: No sé de que manera estos poetas van a dominar el mundo. Era el tema central del texto, pero no se me ocurrió nada.

Nota aclaratoria 2: Este texto no está inspirado en "Pinky y Cerebro".

Nota aclaratoria 3: A mi Pinky y Cerebro no me gustan nada, los que me gustaban mucho eran "los caballeros del zodíaco"; el otro día alguien sugirió que eran dibujos "gay". Volví a mirar algunos episodios y la verdad es que sí son un poco gay; especialmente Shun, el de las cadenas de andrómeda, que tiene un trajecito rosa ajustado y unos modales demasiado refinados. Su grito de batalla: ¡Cadena diamante!, es bastante sospechoso.

Nota aclaratoria 4: Si no existieran los blogs, estos poetas podrían tratar de dominar el mundo llenándolo de papel (eso lo leí en Cortázar, pero se me ocurrió a mi primero).

Nota aclaratoria 5: Igualmente mi personaje favorito era Shiriu, que era bien macho y no tenía cadenas. Gritaba: ¡Patada del Dragón!. El traje era celeste, y todos sabemos que es el color con que las madres identifican a los varones, ehh, ehh.

Nota aclaratoria 6: También podrían introducir mensajes subliminales en los poemas, para que el resto de la humanidad termine idiota y se autodestruya comiendo el relleno de las oreo.

Nota aclaratoria 7: ¿Es María Kodama la Yoko Ono de la literatura?. Yo digo que si.

Nota aclaratoria 8: ¡¡¡PATADA DEL DRAGÓN!!!!

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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 12:36 | 24 comentarios

miércoles, 20 de junio de 2007

   Colección de trenes

Dedicado a mi amigo Rodolfo, amante de trenes profesional.



|| Es tarde en la vía ||



|| Sábado a la noche otra vez ||



|| No soy de aquí ni soy de allá ||



|| Don Bosco entre rejas ||



Bonus Track
|| Casa con patio, dos habitaciones e iglesia ||



Click sobre la foto para afanar. Están en 1024 x 768.
Las fotos no fueron alteradas con ningún programa de edición.



Actualization 1: Le envío un gran saludo al amigo The Bug, por haber superado las 20.000 visitas en su blog Polenta con Pajaritos.

Actualization 2: Recemos para que Susana no se haya lastimado. Dios no lo permita.


Pregunta 1: ¿Yo soy el único que le pone crema chantilly y pedacitos de marroc al cremix de frutilla?

Pregunta 2: ¿No les parece gracioso que los barrabravas hiperviolentos, asesinos, apretadores, extorsionistas y causantes de todos los males del fútbol canten canciones como "borombombón, borombombón, con esa hinchada no podés salir campeón"? ¡Eso le cantábamos los del "A" a los del "B" en cuarto grado!

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 9:23 | 30 comentarios

martes, 12 de junio de 2007

   Eras como la flor

eras como la flor
Texto: Chester J. Lampwick
Fotos: madame Baterflai
Ilustración: Jorge Fantoni

0-

Eras como la flor
y los caminos.


1- Orgullo
Mientras cantaba lo que él creía su último tango, Dávila sintió orgullo por primera vez en su vida. Esa noche- la última del carnaval del Club Merlo- su actuación era estupenda, digna de una gran orquesta más que de un corso barrial. Estaba a punto de perder la vida. Presagiaba el cuchillo atravesando piel y carne, sentía la sangre abandonando sus venas y corriendo hacia el desagüe, escuchaba los gritos y las corridas, lo veía a Romero ocultando con su sombra el cuerpo desangrado. Pero no acusaba miedo. Destilando arrogancia, esa noche -la última para el carnaval y para él- brilló como nunca.

…nos juramos amor, mientras la orquesta
lloraba en las cadencias de aquel vals.



2- Barrio
Había llegado a la capital una tarde aguada, perseguido por penurias más ajenas que propias. Hasta descubrir que podía vivir gracias a su voz, mendigó cama y conchabo. Luego todo fue más fácil. Sabía que no era un gran cantor, pero sí que tenía el talento suficiente como para no pasar nunca más hambre ni frío. Durante años, canjeó su arte por algunas monedas, alcohol y-pocas veces- mujeres obedientes. Se había hecho bastante conocido en clubes de paredes con verdín y chapas recortadas por el tiempo. Sin aires de estrella, sus exigencias eran mínimas y siempre las mismas: él escogía músico y repertorio. Esa noche en el Merlo, decidió que era el momento de estrenar un vals que había aprendido una tarde en la pensión. Lo cantó con los ojos cerrados, tratando de redescubir el barro con su cuna.

Romántica incurable, ¿te recuerdas?
nuestra danza fue un sueño de locura
y tus ojos brillaron de ternura
entornados detrás del antifaz.







3- Cuchillo
Perales vio a Romero correr hacia la pensión con la cara rojísima, mezcla de gravedad y sedentarismo. Dávila aun estaba durmiendo, la noche anterior el show había terminado más tarde que de costumbre y necesitaba estar descansado para la última jornada del Carnaval. Vivía en la pensión La Rosa, a la vuelta de la Iglesia de la Merced y frente al bar del Conde. Lo que ganaba le alcanzaba para mudarse a un hotel un poco más confortable, o incluso hasta para alquilar algo más que una pieza. Pero ni se le cruzaba por la cabeza cambiar de techo. Ya lo había hecho una vez y con eso era suficiente. Se sentía cómodo en esa pieza descascarada, el ruido compartido y el patio de tierra donde al atardecer, cuando se iluminaba el zinc y los pensionistas despertaban de la siesta o volvían del trabajo, tomaba mate amargo escuchando la radio, esperando que el verano enlazara cal y jazmín. Era uno de los inquilinos preferidos de Perales: jamás había tenido problemas para cobrarle el alquiler y a pesar del ambiente en que se movía, era uno de los pocos habitantes de la pensión virgen de escándalos policiales. Quizás por esto Perales se sorprendió más que nadie al sentir la urgencia en la respiración agitada de Romero.

- Hoy a la noche viene a buscarte. Dice que te va a matar.

Dávila lo miró desde su sueño. Se incorporó con movimientos lentos, tratando de contener sus ganas de seguir durmiendo. Por unos segundos, se quedó sentado en la cama mirando el piso. Romero estaba frente a él encuadrado por la puerta de la habitación abierta. Levantó la vista y le llamó graciosamente la atención la figura penumbrosa de Romero en primer plano, deteniendo con su espalda la luz que venía del patio. Conocía los movimientos de la pensión tanto como los propios: el silencio de fondo le indicaba que no eran más de las 2 de la tarde.

- ¿Esta noche? ¿Estás seguro?.
- Sí, me lo contó el negro Carranza. Y por la cara que traía puedo jurar que no estaba mintiendo.

Romero terminó de hablar y resopló hasta que se le fueron las ganas de llorar. Dávila se levantó y le puso una mano en el hombre.

-Vamos –le dijo mientras encaraba hacia la puerta- tengo que planchar el traje y conseguir un cuchillo.


4- Ella y Él
Al igual que Perales, Romero le había tomado a Dávila un cariño especial. En parte por las mismas razones: era cumplidor y se mantenía lejos de los problemas. Éste era el quinto carnaval que trabajaba para el Club y era, por lejos, el más concurrido en la historia del Merlo.
A diferencia de años anteriores, se había acercado gente de otros barrios, lo que en un principio alegró a Romero. Pero en otros barrios los códigos son distintos y con el correr de los días empezaron a crecer los problemas. Primero tuvo que echar a la barra del loco, más tarde, al loco y a su mujer. La noche siguiente, ella volvió sola al Merlo, Dávila le pidió a Romero que la dejara entrar. Antes de que él terminara de cantar, ella ya lo estaba esperando en la plaza, hecha un ovillo bajo la luz de una estrella. Se metieron en el primer hotel que encontraron, él la besó hasta en sus sueños. Cerca del mediodía, Dávila volvió a la pensión, corroído de flor y tiritando de duda. Ella, al loco, a romper su promesa y condenar al cantor.



5- Malevaje
El loco primero la fajó, luego juró venganza. Ordenó que corrieran la voz de que esa noche iría al Merlo; no quería enfrentarse a un hombre desprevenido. Al llegar la noche, se calzó el saco recién planchado, la daga afilada y el funyi, y rumbeó hacia el club, a saldar cuentas pendientes. Romero intentó impedirle la entrada, el loco lo apuñaló con la mirada y sin detenerse, encaró para las mesas del frente. Se sentó, pidió una ginebra y observó pacientemente la actuación de Dávila. Por un momento, le asombró lo bien que cantaba, lo había escuchado otras noches y no le había parecido nada fuera de lo común. Se sirvió otro vaso de ginebra y antes de que algo cercano a la angustia lo hiciera cavilar, recordó que el código de honor para un malevo era bien claro: lo habían engañado y debía vengarse, o perdería el respeto del malevaje y otro ocuparía su lugar.


6- Destino
Romántica incurable, ¿te recuerdas?
al volver del jardín, cabeza loca,
me dejaste la marca de tu boca
como un sello feliz del carnaval.

Dávila apretó el puño derecho contra su pecho y cantó con fuerza el último verso. Lo primero que vio al abrir los ojos, fue al loco dirigiéndose a la calle. Agradeció los aplausos, saludó a los músicos y a los bailarines y bajó del escenario. El filo del cuchillo latía con fuerza en su pierna; como Dahlmann, apenas sabía cómo empuñarlo. Desde la puerta del club y de espaldas al carnaval, Dávila pudo ver su cara reflejada en el facón del loco, dispuesto ciegamente a cumplir con su mandato.




¡Gracias Bater!
¡Gracias Jorge!
¡Gracias Podeti!



Nota: En estos momentos, en el fabuloso blog del extravagante Adulfo Pistarino se está desarrollando la primera fecha de los octavos de final del Campeonato Iberoamericano de Discusiones Bizantinas, que me tiene como protagonista tratando de demostrar que las lindas son mejores que las inteligentes. Pasen, vean y voten por mí haciendo click acá.


Actualization: Otra vez gané por paliza. ¡Ya estoy en cuartos de final! Siempre supe que era un buen discutidor, pero no encontraba el ámbito adecuado donde demostrarlo. Gracias a todos los que votaron por mí y al gentil don Adulfo por invitarme a participar de tan magna competencia.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 1:34 | 35 comentarios

miércoles, 6 de junio de 2007

   Cuestiones varias de importancia dudosa

CUESTIÓN A: Acerca de la eterna disyuntiva entre la valentía y el instinto de supervivencia.


Martes a la tarde. Por cuestiones que no vienen al caso, yo no estaba trabajando en una oficina como cualquier ser humano en edad laboral, sino que estaba en la plaza hamacando a mi hijita. Iba y venía la hamaca, bajaba y subía el tobogán. Un perro se acomodaba en un colchón de hojas, calentándose con ese sol engañoso de junio. Quizás soñaba con eludir el férreo lazo del abandono, quizás no. No lo sé. Unas adolescentes fingían ser niñas, se empujaban, posaban, miraban sin disimulo a los chicos que pateaban una pelota en el campito de enfrente. No tengo nada más para contarles antes de pasar al suceso que me gustaría que analizáramos entre todos. Presten atención.

De la nada apareció una mujer joven, unos 30 años, rubia. Junto a ella, un hombre también joven, de gran tamaño y con un corte de pelo similar al usado por los "skinhead". Vestía borceguíes, pantalones ajustados y una campera negra. No me gusta andar prejuzgando, pero evidentemente tenía algún tipo de alteración mental que lo convertía en un ser peligroso. Avalado por su gran físico, obviamente. De nada sirve hacerse el malo si uno tiene el tamaño de una cucaracha semiadulta. Generando un llamativo contraste, el supuesto skinhead se movilizaba en una bicicleta playera. El contraste daba risa, pero una risa nerviosa, de ésas que se podrían confundir con un castañeo de dientes. Él gritaba todo tipo de amenazas, ella lloraba y apuraba el paso. Juro que he visto miles de discusiones entre novios en plena calle, he sido protagonista de otras tantas: ésta era un poco más violenta, pero no parecía ser tan distinta a las demás. Yo seguía hamacando a Alma -inocente y ajena al escenario descrito- y seguía con reserva el duelo de aquella pareja. Otro papá -mejor dicho, supuesto papá, la verdad, no tengo pruebas para asegurar que era el papá, el nene no le dijo papá ni me mostraron ningún tipo de documentación. Perdón que me detenga en estos asuntos, pero a mí no me gusta andar diciendo una cosa por otra- observaba estos sucesos de una forma similar a como lo hacía yo. Las adolescentes detuvieron sus juegos y parecían alterarse con los gritos, como un grupo de cebras que descubren cercana la sed de la manada. De a poco, el aire fresco de esa tarde de junio comenzaba a tensarse, como... bueno basta de metáforas innecesarias. El chabón la empezó a zarandear (esto también es una metáfora, no estoy diciendo que pasó a la chica por un utensillo de metal que se usa para colar los dulces) y a gritarle más fuerte cosas que ahora recuerdo vagamente: "A mí no me vas a hacer esto, ni aquello ni lo otro", "Melinda vení acá te digo". Dichas así, no parecen palabras muy duras, pero les aseguro que lo eran. Todo a no más de 15 metros de donde estaba yo parado con mi niñita. En ese momento, -esto sí lo recuerdo con precisión- recé a todos lo santos para que el flaco no empezara a golpearla ni -como ya presumía resignado- a descuartizarla con esas garras de oso berlinés. Por suerte para mí (y para la chica, obvio), ella logró zafarse y llegó antes que él a la puerta del Banco Nación de la esquina de la plaza. En ese momento, miré al otro caballero y éste me respondió con una sonrisa cómplice de alivio. A lo lejos, escuché que las adolescentes decían: "Cómo puede ser que ningún hombre haya intervenido", en clara referencia a mi apatía. Si bien la situación no dio como para intervenir, tengo la convicción de que aunque el tipo se hubiera comido a la mina, vomitado y vuelto a comer, yo igual me habría quedado sordo y mudo intentando alejar al perro de la desembocadura del tobogán.

Antes de que el "sos un cobarde" llenara de marchas de repudio mi existencia, ensayé tres excusas que me dejaron de lo más satisfecho, tanto que esa noche dormí sin remordimientos:

1º) Una mina que sale con un skinhead (basta de paparruchada de "supuesto", era un neonazi hecho y derecho) merece la peor de las suertes.
2º) Considerando el tamaño del skinhead y mi tamaño y nula experiencia en riñas callejeras, si hubiera intervenido, mi hermosa hijita habría visto en vivo y en directo como se truncaba su sueño de bailar el vals de los 15 con su padre.
3º) La culpa es de mi mujer que no me deja andar calzado1 por la calle para ajusticiar a los infieles.

Me gustaría saber qué opinan ustedes acerca de mi actitud.




CUESTIÓN B: Convivir con la mugre para descubrir con quién convivo.


No me jacto de ser un gran vecino. Mi relación no va más allá de alguna conversación circunstancial sobre el clima o sobre el estado de las veredas del barrio. Pero sí trato de ser lo menos molesto posible. Vivo en un edificio cuya calidad estructural es pobre tirando a pobrísima por lo que es altamente conductor de ruidos, olores y hasta colores. Por esto, siempre cuido de mantener una cotidianeidad de bajo alboroto. Mis vecinos de edificio hacen todo lo contrario: gritan, se pelean, tiran cosas al piso con rudeza, zapatean, corren muebles, golpean puertas, cierran ventanas con furia, escuchan a Evanescense con el volumen por las nubes, tienen perros que ladran y aúllan todo el día. Y eso no es todo: cocinan con olor a grasa, fuman en el pasillo, dejan abierta la llave de gas de la cocina (pasó una vez, tuvimos que llamar a los de la compañía). Lo último en discordia comunitaria (me acordé de la película de Álex de la Iglesia) sucedió hace unos días. Una de las vecinas de planta baja cohabita con 6 gatitos (algunos opinan que en realidad son 7 si la contamos a ella, pero eso dejémoslo para chusmear en la panadería). Uno de estos simpáticos animalitos cagó en el hall de entrada del edificio, a pasitos de la puerta de mi departamento -que también está en planta baja-. Lo primero que se me ocurrió hacer al ver la deposición fue, con la ayuda de un palita, alejarla de mi puerta y a la vez, acercarla a la puerta de la vecina. Supuse que con esto impulsaría a la señora a levantarla e higienizar el hall. Me fui a dormir tranquilo, creyendo haber finiquitado este horroroso incidente.

Al otro día, al abrir la puerta no me acuerdo para qué, el olor que venía del pasillo me recordó lo mal que me cae desayunar con el estómago vacío. Nadie había juntado la caca y se ve que la noche que pasó abrigada por los calores del edificio había potenciado todos sus componentes químicos. No tenemos portero y aun faltaban dos días para que la señora que se encarga de la limpieza de los lugares comunes borrara nuestras miserias con su trapo desdentado. Los dos días pasaron, hediondos. La caca siguió ahí. Todos los vecinos -salvo la dueña del gato- se quejaban por el olor (para no perder la costumbre se quejaban mediante gritos), pero nadie amagó con darle fin. Yo juro que estuve a esto de salir a limpiar con lavandina, no sólo el sitio de la descarga, sino todo el edificio: fachadas, balcones, escaleras, terraza, departamentos y conciencias. No lo hice. Aposté a que la mujer finalmente no aguantaría ser tan mal vecino, que limpiaría y nos miraría al resto con vergüenza por el resto de sus días. No fue así.

Descubrir que la calidad de gente con la que vivo (apenas nos separan unos metros y algunas paredes) deja bastante que desear me costó apenas dos días de insoportable olor a caca de gato.

¿Debería haber limpiado yo y no descubrir nada? ¿Tendría que haber levantado la caca en lugar de aguantar el olor? ¿Debo saludar a la vecina como si nada o matarle los gatos, tirarle los restos por abajo de la puerta y revocarle el auto con mierda de conejo?

Espero que me ayuden a encontrar el camino correcto.




Nota para lectores de habla no-lunfarda:
1Calzado: Armado con un chumbo2.
2Chumbo: Revólver.

Nota para los lectores que están siguiendo mi carrera como fotógrafo:
Las fotos que ilustran el artículo las saqué yo mismo con mis propias manos.

Foto 1: La patita es la patita de mi hija, la soga es una soga de saltar la soga.
Foto 2: Chimeneas asoleándose y mirando el horizonte. Me las imagino hablando pestes del vecindario.
Click para afanar (Diego B. dixit)

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 16:16 | 24 comentarios

sábado, 2 de junio de 2007

   Fotonovela verídica y con final incierto

The inner light

"Without going out of my door,
I can know all things on earth
without looking out of my window,
I can know the ways of heaven."

Inspiraron esta fotonovela hiperrealista, la letra de la canción “The inner light” de George Harrison y los comentarios al artículo fotográfico de Chester :

“Escúcheme bien, Chester: cinco imágenes no valen más que cinco mil palabras.”

“Dígame cuánto valen y acordemos un plan de pagos por la diferencia.”

“Chester, no se preocupe, siga sacando fotos, que las palabras nunca llegan tarde.”

Aquí está la disyuntiva: escribir un texto razonado y lúcido o salir con mi cámara a captar lo poco que la naturaleza tiene para ofrecer.

Yo opté por una via media: Saco fotos dentro de casa y escribo lo primero que se me ocurre. Usted, áspero lector, me podrá acusar de pereza física y mental; no se engañe: si pudiera razonar o correr velozmente mi vida sería otra.

Con ustedes la posiblemente última fotonovela de "Nunca hubo una vez":

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La papa que quería conocer al creador



1.Preparé la comida y me dispuse a comer como Dios manda.

Pollo asado con aceite de oliva, tomillo y romero, trozos de pan cateto y bacon ahumado. Base de hojas de lechuga, y berros con aderezo de aceite, limón, anchoas, ajo y queso parmesano







2. Ingestión de postre poco ortodoxo


Yogurt con pasas de uvas bañadas en chocolate, ya que no conseguí alfajor fantoche.









3. Encuentro inesperado de papa olvidada en alacena hace 3 meses

Me imagino que debido a las condiciones de mi alacena (falta de apertura) la papa no se pudrió; más bien rompió la bolsa del supermercado y se elevo buscando algo. ¿A Dios?







4. La naturaleza se abre camino

Detalle de la papa que rompió la bolsa buscando a Dios










5. A momentary lapse of reason

¡Que bueno loco, una papa buscando a Dios, man. Loooocoooo, rescatate papa!












6. La sonrisa del creador


"Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre". La papa ¿quiere ser papa?










7. ¿Alguien me escucha?

¿Dios, por qué me has abandonado
?












8. Libertad, horrible libertad

"Under the wide and starry sky
dig the grave and let me lie
glad did i live and gladly die"







FIN

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Nota aclaratoria 1: La papa no es misógina ni xenófoba.

Nota calaratoria 2: La papa es tolerante y respeta la religión de las remolachas, aunque considera que se han equivocado de profeta.

Nota aclaratoria 3: A la papa le parece bárbaro que las batatas estudien carreras humanísticas.

Nota aclaratoria 4: La papa se disculpa por haber utilizado comentarios de los lectores para el texto.

Nota aclaratoria 5: La papa niega terminantemente ser el alter ego de Mr. Verloc y recomienda que le pregunten al nabo por si sabe algo del tema.


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PUBLICADO POR Mr. Verloc | 11:11 | 42 comentarios