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viernes, 28 de septiembre de 2007

   Colección de Casi Primavera

Algo sucede en este blog. Como si un agujero negro los hubiera absorbido, los colaboradores de Nunca Hubo una Vez fueron desapareciendo uno a uno. Parece el argumento de Lost (¿parece? En serio les pregunto, nunca vi Lost): Primero desapareció, sin dejar ningún post como prueba de su existencia, "El misterioso señor D". Luego fue Mona Lisa. Hace unos días, Verloc. El próximo soy yo. Me voy a preparar para desaparecer dignamente: insultando a todos, robándome las computadoras y prendiendo fuego los muebles. Mientras tanto, les dejo esta colección de malas fotos y que jamás podrían formar parte de una colección, en festejo del inicio de la casi primavera y de la apertura de la temporada oficial de helados.



|| Pavo real albino o engendro diabólico ||


|| Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los ciruelos ||


|| Cielo con pintitas y tanque ||


|| Vas a morir... Ha llegado tu hora... ||



Si después de esto no aparezco más, quisiera que en la lápida de mi tumba vacía dijera: "Nos veremos pronto, amiguitos"

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 9:50 | 25 comentarios

viernes, 21 de septiembre de 2007

   Se acaba, se acaba, se acabó

Hermosas damas y señores de pelo en pecho, tengo que darles un notición:

¡Logramos alcanzar el objetivo del proyecto 97-relatos-97!


El proyecto se nos ocurrió hace unos cuatro meses, cuando NHUV (¡qué canchera que queda la sigla!) aún estaba arrancando. Sin que sepamos por qué, tuvo una sorprendente repercusión: varios blogs -algunos toptop- se engancharon con la idea y la promocionaron . En un inicio, el proyecto fue planteado como un concurso: con los relatos que se recibieron hasta una fecha predeterminada, y con la intervención de un jurado integrado por los lectores, nosotros y dos bloggers de lujo -José de Bien ahí y el Señor Adulfo Pistarino, del discutidísimo Discusiones Bizantinas- se eligieron los mejores.

Finalizó el concurso, los relatos siguieron llegando y hace unos días, en un recuento sorpresa, notamos que ya había 97. Y 98 y 99. Y 100. Cien relatos de 97 palabras. ¡Nos sobran tres! ¡¿Y ahora qué hacemos?!

Los últimos seis que recibimos son estos:



Siete y treinta ( Autor: Anai Le )
Y allí están paradas en una esquina, ella y sus circunstancias, elevando la primera plegaria del día:
"Dios, por favorcito, que en los próximos treinta segundos pase una micro, que el semáforo cambie a rojo, que la micro traiga un espacio disponible aunque sea en la pisadera, que el chofer abra la puerta y yo pueda subir, que se vaya de un tirón hasta el centro porque si no no llegó ni cantando, y que cuando baje de la micro tenga la cartera, las pantys y la honra intacta.
Aunque esto último es conversable."


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97 Palabras ( Autor: Pay )
Se sentó frente a la pantalla, mate en mano, amargo como se toma mate, prendió un cigarrillo, tratando de escribir algo en 97 palabras, pensó en contar alguna historia fantástica, de esas con héroes y todo, o de muerte, la muerte siempre gusta pensó, y se dio cuenta de que por más que lo intentara, no le salía nada que escribir, así que lo único que pudo atinar a hacer fue, de una manera más o menos prolija, relatar los hechos que lo llevaron a no poder escribir un maldito relato en 97 palabras justas.-


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¿Iutokintumi? ( Autor: Diego )
No creo que estemos hablando del mismo. He visto diferentes personas con igual nombre. Terribles confusiones me ha traído eso; conocer a varios Diego, distintos unos de otros, y diferentes todos a mí, que también me llamo así…
Mi entendimiento no termina de dar crédito a tal desarreglo: ¿que una persona lleve mi nombre, que otra lleve el suyo? ¿Cómo sabe usted que está hablando conmigo? ¿Cómo sabemos que alguien es el que dice ser?
Tengamos esto, al menos, como aliciente de aquellos reconocimientos que no llegan, o de esas culpas que nos dicen, son nuestras.


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Inconfundible... Solo Tú... ( Autor: Jazmín )
No sos solo lo que se ve... No voy a decirte quién debes ser, solo aceptarte tal cual eres...
Solo espero la manera más perfecta, más hermosa y directa de aparecer en tu vida...
Comprendo que de a poco él ya forma parte de mí... sé que quizás jamás este a mi lado... pero también sé que tardara en irse...
Lo que se sabe sentir, uno lo sabe decir... me quedaría corta pues las palabras faltarían a esto que siento... ni todos mis escritos, ni todas las palabras juntas alcanzarían a medir un sentir...


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Miguel ( Autor: Necesito un apodo )
A Miguel no le disgustaba ser un caracol. La vida entre una maceta y una manguera mal guardada no es mala. Por lo demás solo debía preocuparse en conseguir el alimento ése, verde.
De ahí la parsimonia. Total Miguel no conocía los relojes, ni el $0,80, ni Los Incas- Alem.
Miguel tenía toda la noche para él solo. Ah… y cuando llovía,…sólo si se tiene 2 pares de cuernitos y una casa a cuestas se sabe lo que produce ser casi el último obstáculo de la lluvia al morir.
Lastima que alguien debió avisarle a Miguel que aquello que dejaba como rastro no era baba, sino pedazos de si mismo.

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El duende ( Autor: Uno de los ocho )
La historia del duende del baño de varones del colegio Piedrabuena es muy conocida. Frecuentemente los chicos de séptimo asustan a los de primero con relatos de hallazgos macabros, situaciones inexplicables, objetos que aparecían o desaparecían sin motivo aparente, y hasta ruidos de naturaleza dudosa, todo atribuido al duende.
Lo más curioso es que los porteros del colegio Piedrabuena parecen no temerle al duende; parecen estar felices de que el duende haga de las suyas. Y no es para menos, al fin y al cabo todos saben que los porteros sirven secretamente a los duendes.




Llámenme demagogo y poco respetuoso de las reglas, pero para mí hay que incluirlos a todos.




Mientras lo resolvemos y como agradecimiento por el entusiasmo y la participación, les dedico este fragmento de la maravillosa película Suite Habana, del director cubano Fernando Perez, con la que pude reencontrarme gracias a la magia de la interné. Bueno, se lo dedico a todos menos a Madame Baterflai. Ya me aclaró que la trova cubana no le va ni ahí.





¡Gracias! Y aprovechen el fin de semana votando para los BOB's awards a dos de mis blog preferidos y de los mejores que se pueden encontrar en la red: Mantantirulirula y Discusiones Bizantinas. Hagan click y voten, voten, voten. ¡VOTEN!

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 11:43 | 14 comentarios

martes, 18 de septiembre de 2007

   Balconcitos urbanos: Edición oriental

Ahora sí, los balconcitos montevideanos volvieron para quedarse. Y a pedido del público... ¡Con descripción!


¡Orientales el balcón o la Tumba! En el apasionante mundo de los balcones, los uruguayos siempre fueron protagonistas destacados. Prueba de ello son estos hermosos ejemplares enviados por el señor Weltklang, autor de la bitácora Ataque de Caspa!, quien no sólo se tomó el trabajo de ir hasta Montevideo, sino que también se tomó el trabajo de fotografiar balcones para que formaran parte de esta colección. No sé si tomó otras cosas, no es mi costumbre indagar en la vida privada íntima propia y particular de mis queridos corresponsales. Además, y a riesgo de promover el abuso del alcohol entre mis lectores, confieso que yo también he llevado a cabo alguna vez, por la rambla de Pocitos, las simpáticas consecuencias de un exceso de húngaras y pilsen.

Para musicalizar esta entrega, nada mejor que ese lugar común llamado Jaime Ross. Pero como en este blog nunca musicalizamos nada, pasemos directamente a las imágenes.

Bueno, un poco de Zitarrosa y nada más.





Vidalita acordate de José Artigas,
y endúlzate la boca, cuando lo digas.
A la huella de un siglo que otros borraron,
mintiendo los martirios del traicionado.



Unos balconcitos de principios del siglo XX con unas rejas artísticas muy bellas




A la huella vieja, vidalitay,
que te estoy buscando,
junto a Lavalleja, vidalitay,
yo quiero oírte andando.






A la huella, primero, de José Artigas,
y sácate el sombrero, cuando lo digas.
Lararailaira, lararairá,
y sácate el sombrero, cuando lo digas.



El Palacio Salvo es tal vez, el edificio mas representativo de Montevideo. Fue construido por Mario Palanti, el mismo arquitecto que construyó el Palacio Barolo de Bs. As. y ambos edificios son muy similares, aunque el Salvo es mucho mayor.




Vidalita orientala, lejana y pura,
a la patria cantala sin amargura.
No hay más huella, canejo, que la de Artigas,
y juégate el pellejo, cuando la sigas.



Otros balconcitos simpáticos que pasan desapercibidos, opacados por estar frente al Palacio Salvo.




Patria sola y patria, vidalitay,
patria sola y muda,
rompé tu silencio, vidalitay,
vamos en tu ayuda.



Por la ciudad vieja se pueden ver algunos ejemplos de la mejor arquitectura rioplatense del siglo XIX. Éstos, en magnifico estado y en cantidad ¿qué tal? una docena en la misma foto.




En tu ayuda, ¡ay paisanos!, monten caballos;
vamos mano con mano, los uruguayos.
Lararairara, lailararará;
vamos mano con mano, los uruguayos.



La luz no ayudó. También en la ciudad vieja encontramos este balcón de estilo neogótico (creo) frente a otro muy art decó.



Gracias al señor Weltklang y desgracias a los que aun no enviaron nada.


Y no se olviden de participar del magnífico concurso organizado por el blog ¿Qué estás buscando? propiedad de los amigos The Bug y Jorge Mux. Hay en juego modestísimos premios.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 17:14 | 12 comentarios

miércoles, 12 de septiembre de 2007

   Cuestiones diversas de importancia dudosa

Presento a continuación la segunda entrega de Cuestiones diversas de importancia dudosa. Para hacer de esto un blog interactivo y redituable, los estimados lectores deberán decidir mediante un complejo y costoso intercambio de llamadas telefónicas cuál de todas estas cuestiones les parece la más importante. Aquélla que resultare elegida, será traducida al arameo antiguo y enviada para su publicación en la revista "El mesopotamio".

Suerte.






Cuestión 1: El perro que casi casi era la muerte

Anoche me siguió un perro. No es la primera vez que me sucede. ¿Les cuento? Miren, diariamente camino ida y vuelta a la facultad, unas 35 cuadras -70 en total- casi en línea recta. Esto último no es un detalle menor, luego volveré sobre él. O no. No sé, lo voy a pensar bien. ¿Por qué camino? Básicamente por una o dos razones: no tengo auto. Esto no impide que a veces, cuando intento hacerme el galancete con alguna jovencita, le pregunte si la puedo alcanzar hasta algún lado. En general, me dicen que no. Es que la diferencia de edad y mis carpetas con motivos de The Silence of the Lambs las asusta un poco. Pero juro que no quedaban otras en la librería, era Lecter o High School Musical. Esto en realidad que parece malo, es en definitiva bueno, ya que como recordarán, no tengo auto. ¿No lo recuerdan? ¡Pero lo dije hace poquito! Bueno, presten más atención. Continúo: cuando alguna me dice que sí, intento por todos los medios disuadirla, señalándole muy especialmente los peligros que implica subirse al auto de alguien que ilustra sus carpetas con fotos de un loco comegente. Las más audaces, las que no tienen ganas de volverse en colectivo o las que no saben quién es Lecter, insisten. En esos casos, elijo un auto al azar (preferentemente uno "canchero") y haciendo visibles alharacas sobre algún desperfecto mecánico, salgo disparado hacia mis 35 cuadras. Jamás me siento tentado a mirar hacia atrás. No tendré auto ni el don de la música, pero en eso soy mejor que Orfeo.

No sé como lo hacen ustedes, pero yo camino de una forma muy peculiar: moviendo los pies uno a la vez. Primero uno y después el otro, repitiendo esa secuencia hasta alcanzar mi meta. Siempre a una misma -alta- velocidad, a la que yo denomino "crucero". También me gusta pasar gente que va caminado delante de mí, simulando ir en el auto que -como ya dije- no tengo: con mis brazos extendidos en forma paralela al piso (o al cielo, depende) y moviendo un volante imaginario. A veces hago ruido de motor, pero bajito porque me da vergüenza.

Anoche, les decía, un perro se unió a mi caminata nocturna. No lo noté de inmediato, sino varias cuadras después, cuando el comportamiento del perro se volvió irrefutable. Al llegar a una esquina, si el semáforo estaba en rojo, el perro se sentaba a mi lado. Yo cruzaba de vereda, él cruzaba también. Si entraba a un kiosko a comprar golosinas, me esperaba en la puerta. En una cuadra inició una pelea con otros perros y mientras los dueños de éstos me increpaban malamente (creyeron que el perro era mío), aproveché para apurar el paso con el objetivo de desprenderme de esa compañía no solicitada. Pero el perro abandonó de inmediato la trifulca y se acomodó de nuevo sobre mis huellas. Sin que fuera parte de mi recorrido, crucé de nuevo, el perro me siguió. Luego caminé más despacio, dejando que él se adelantara. Al llegar a una esquina, y aprovechando que no me estaba mirando -porque cada tanto volteaba para confirmar que yo seguía ahí- doblé. Y volví a apurar el paso deseando que ese perro negro del infierno -creo que es la primera vez que menciono que era negro, pese a lo importante del dato- no descifrara hacia donde había ido. Caminé marchoso, casi corriendo o corriendo. En un momento creí que por fin me lo había sacado de encima, que había logrado desorientarlo. Pero apenas media cuadra después sentí ese tiqui-tiqui delator, los pasos de la muerte acercádome el segundo final. Tiqui-tiqui-tiqui-tiqui-tiqui-tiqui. A esta altura ya no tenía dudas, ese perro era la muerte que venía por mí. Intenté otras engaños similares, el perro negro, que ya sabía que yo sabía, no cayó en ninguno. Desconfiado se pegó firme a mis pies y tomó las riendas de la caminata.

¿Tienen miedo? Yo también. Y eso que no les conté que como de repente y sin que mediara razón, la calle quedó vacía de gente. Ni que las persianas de las casas se cerraban violentamente a mi paso. Ni de los buhos bufando ni de esos pájaros que hacen uuuuuu-uuuuuu-uuuuaaaa, uuuuuu-uuuuuu-uuuuaaaa. Ni de la leve ventisca. Ni de ese cielo pleno de luna que sucumbió sin dar pelea ante la oscuridad más profunda. Y también podrían pensar que en realidad yo estaba siguiendo al perro, o que yo era la muerte para el perro, o que yo era el perro o que todos estábamos muertos. Les dejo las distintas posibilidades de final abierto planteadas.

Durante una cuadra obedecí. "No es la muerte", pensé, "no es la muerte", "es sólo un alma perdida que tiene ganas de sentirse acompañada por un rato en esta noche fría de invierno". La idea de que fuera un alma perdida también me asustaba mucho, no sé por qué se me ocurrió pensar eso. Podría haber pensado que sólo era un perro perdido que buscaba nuevo dueño. Pero ahora es fácil decirlo, lejos del pánico y del encierro. Decidí que lo menos que podía hacer era encararlo y preguntarle. Me detuve, miré fijo a esos ojos negros de perro negro y dije:

- Decime, ¿sos la muerte que me viene a buscar o un alma perdida que tiene ganas de sentirse acompañada por un rato?
Carraspeó aclarando la voz.
- No, soy un perro que busca nuevo dueño.
- Ah -dije-. ¡Mirá que me asustaste! ¿Pero sabés qué? No me gustan los perros. Así que chau.
- Chau.

Estiré mis brazos, puse primera y salí haciendo un ruido que levantó las persianas y despertó a la luna. Ya era tarde para vergüenzas.


Cuestión 2: Being Felipe Pigna

Odio a Felipe Pigna. Aun no tengo definido el por qué, pero tengo varias opciones que estoy analizando. Podría ser que me molestase su omnipresencia; el tipo está en todos lados: en la radio, en la tele, en los diarios, en la biblioteca, en las librerías, en su casa. Me parece que tampoco me cae bien su pertenencia a la "Raza de los tipos que se parecen a Nik". Ninguno de esa raza me cae bien, Felipe Pigna no es la excepción. Aunque a decir verdad, mucho no se parece. Menos fastidio me causan los títulos de sus obras "Algo habrán hecho", "Lo pasado, pensado" o la grandilocuente trilogía "Los mitos de la historia argentina". Su sociedad con Pergolini -otro personaje que odio- me genera malestar endoestomaencefalocal. Bah, un malestar general. Eso de convertir a la historia en una comedia de enredos, divertida y amena y fácil de leer en la playa, me da -sigo sin saber por qué, a mucha gente le parece bien "desacartonar la historia y bajar a los próceres del bronce"- un cosquilleo incómodo, un picor de piojos y de pulgas que me tira en la cama y me deprime. Me parece (creo, no estoy seguro) de mal gusto que exhiba las intimidades de los personajes históricos, como si la historia pudiera reducirse a un programa de chimentos de media tarde. ¿O acaso hay diferencias entre contar las múltiples y concurrentes aventuras amorosas de una modelo y las de Belgrano? Pero más me molesta su linealidad, su tendencia al exagerado simplismo, su "somos esto por aquéllo" y toda esa lógica cartesiana.


Ayer, mientras me lavaba las manos en el baño de mi casa, me miré al espejo y pensé: "Es todo un símbolo del poco valor que le damos a la educación que el día en que se conmemora la muerte de Sarmiento no sea declarado feriado nacional."

Y me sentí el más Pigna entre los Pigna.


Cuestión 3: Si eres tan bueno, educa a mis hijos.

Mi nena, la locurita más hermosa de mi vida, entró hace unos días, en la fascinante etapa del "¿qué és?" Con sus dos años y medio es normal que todo le produzca curiosidad. "A esta edad, es como una esponja" nos dijo la psicopedagoga. La psicopedagoga que me está ayudando con mis problemitas de atención. Anoche, por ejemplo, creí que la muerte me seguía en forma de perro.

A los dos años y medio de vida, los padres son para los niños sus dioses, quienes todo lo pueden y todo lo saben. Y nos cobran con preguntas los papi y los besos. Aun faltan más de 10 años para que nos odien y nos vean como su principal fuente de infelicidad. Por ahora, somos su principal fuente -y la más confiable- de conocimientos. Ya lo decía aquella vieja canción:


"En varios lugares, me contó mi tía,
sale el sol de noche y la luna de día.
Y mi tío dijo que no puede ser,
si no lo averiguo, no voy a saber.

Mejor será, mejor será que le pregunte a mi mamá, a mi mamá, o a mi papá, mejor sera, mejor será..."


Los tíos no saben nada. Los papás, sí.

"Un tractor", "una etiqueta", "un semáforo", "un aparejo potencial", "una máquina maligna para conquistar el mundo". La lista podría ser interminable, considerando que a cada respuesta le sigue otra pregunta sobre términos utilizados en las respuestas y no definidos previamente. Salvo que realmente seamos dioses (cosa que aun no decidí), la paciencia en un momento se acaba y deja su lugar al apático "No sé". Y es en ese momento en el que nuestros hijos empiezan a recorrer -aun sin saberlo- el camino de la desilusión.



Hace algunos años, en un festival de cine, vi "Um Filme Falado" una película del portugués Manoel de Oliveira. No les voy a contar la película. Sólo que trataba sobre una madre -profesora de historia- viajando en un crucero por el Mediterráneo con su hija. Entre que la mujer tenía muchas ganas de explicar y que la nena no paraba de hacer preguntas, la mitad del cine se vació antes del final. Yo -fiel a mi regla de oro "si se paga, se come"- aguanté firme en mi asiento. La película no es que era mala, pero en un festival uno ve tantas que se vuelve un crítico cruel, más si son las dos de la tarde y una nena lleva como una hora preguntando "¿Y esto qué es?" "¿Y esto qué es?" "¿Y esto qué es?" "¿Y esto qué es?" ¿Y ESTO, QUÉ ES MAMÁ?. Entre los pocos que no habíamos desertado, se había formado una especie de comunidad, como ésas en las que sus integrantes se dan fuerzas para superar un momento difícil. "Vamos pelado, que falta poco", "Fuerza vos el de remera piqué azul", "No te nos caigas ahora, rulos" "¡Despertate, amarillo!".

Aguanté, aguantamos. Y aun hoy, mucho tiempo después, me emociono al recordar los aplausos rabiosos y los gritos de alegría que produjo el final de la película, cuando el barco estalla en diez mil pedazos con la pendeja hinchapelotas y su mamá sabelotodo adentro.

Qué lindo es el cine.




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Las fotos de las cuestiones 2 y 3 me pertenecen, por lo que si lo desean, pueden robárselas.
La foto 2 ("Yo la tengo más grande") no está retocada con ningún programa de edición y forma parte de la colección Dos mil sietes . La foto 3 está retocadísima con todos los programas de edición y con los que no son de edición también.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 21:48 | 28 comentarios

lunes, 3 de septiembre de 2007

   Balconcitos Urbanos: Edición arte urbano

Por primera vez desde que iniciamos esta sección y por primera vez desde que iniciamos este blog y por primera vez, presentamos, en blogcadena nacional con Polenta con Pajaritos y otros 350 blogs del interior (no sé cuáles, busquen en el google), un balconcito urbano de cartón pintado. Arte Urbano, Balcón. Balcón Urbano, Arte. Éste sí que es un blog para todos los gustos.



El señor The Bug, padre de este diminuto instante inmenso en el vivir, adjuntó el siguiente texto explicativo:

"Cómo podrás ver, se trata de un balcón hermosamente pintado sobre una pared medianera más lisa que una tabla. Se encuentra en pleno centro de Rosario y te aseguro que cientos de veces "lo percibí" sin notar que era tan sólo una pintura. Me parece una verdadera obra de arte y digna de tu colección de balcones. No se si califica al no ser real, pero no me podés decir que no te conseguí una delicatessen.
Y se me ocurrió otra cosa."


Claro que califica, T.B. Califica, cuantifica y cualifica.

Listo. Fin de la blogcadena. Salgan de mi propiedad o suelto a los perros que escupen abejas.


Actualization: Por favor, no envíen más relatos que ya tenemos como 100 y no queremos andar diciéndoles que escribieron al cuete. No somos tan crueles.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 8:55 | 34 comentarios