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miércoles, 21 de mayo de 2008

   No-oda a la madre

Muchas fueron las veces que con mi amigo Verloc discutimos sobre lo nocivas que son las madres para los hijos. Todas, sin excepción. Expertas en el arte de manipular, arruinan vidas con la excusa de protegerlas. Y a nosotros, hijos aturdidos por los sentimientos encontrados -al fin y al cabo esa mujer que mutila nuestra felicidad nos dio la vida- nos van obligando a abandonar caminos antes de enterarnos siquiera que existían.

Podría poner de ejemplo a la mía y las barbaridades que me hizo. Algunas eran de tal magnitud, que mientras yo las recibía, ya me daba cuenta de lo difícil que iba a ser recuperarme de ellas.

Pero mejor les cuento de las mamás del jardín.

Molestan a la maestra a la entrada (algo que se acordó explícitamente no hacer), se quedan en la puerta, le cuentan que ayer Ayelén durmió-no durmió-comió-tosió. La distraen con tonterías, le informan -porque lo maestra seguro ni lo advirtió- lo malo que es tal o cual nene, que se fije que el otro día el Brian mordió al Kevin y que nenes así tienen que ir a un jardín especial y no al mismo que va el mío. Entran al aula para sacarle la campera al chico, colgarle la mochila y limpiarle los mocos; tareas todas que él ya sabe hacer solo, que es mejor que haga solo, que en su casa todo el tiempo le insisten que las haga solo y si no, no hay dibujitos ni serenito y no me hagas sufrir porque soy tu madre. Pero cuando el nene llega al jardín, se vuelve manco, inválido e incapaz. Y la maestra una inútil que ni siquiera sabe sonarle la nariz como dios manda al Yoni. Así, el mundo de una criatura oscila al ritmo de los caprichos maternos y su poder a discreción.

Nada se puede hacer desde el preciso instante que las madres adquirieron el estatus de indispensables. Ellas lo saben y se aprovechan. Ante el menor desaire, apelan sin dudarlo al "te di la vida y mirá cómo me lo pagás". Curiosamente, el padre también le dio la vida, pero jamás oí a ninguno decir algo semejante.

Sin dudas hubiera sido mejor para la especie autosuficiencia desde el primer respiro. Tal vez en esas condiciones, sin teta ni noches en vela, el amor madre-a-hijo sería realmente incondicional.

Pero así son las cosas en este mundo creado por un Dios que no duraría ni una semana friendo papas en el Mc Donalds. Y de ser cierta -como algunos creen- su condición de mujer, no me extrañaría verla una mañana acomodándole el guardapolvo a un nene de salita de tres.



La imagen que ilustra este post es obra de la artista marplatense Aurora Simonazzi. Está un poco retocada (la imagen, no la pobre Aurora), el original acá.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 1:08

7 comentarios:


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Suerte que nuestras madres nunca leerían este blog. Yo comparto sus opiniones. Incluso agregaría que las madres no deberían criar a sus hijos después del periodo de lactancia. Socrates fue condenado a muerte por decir algo parecido; por suerte yo soy una criatura intrascendente y nadie lo notará (ni mi madre)

Me gusta su Dios incompetente. El estado del mundo se justificaría con su Dios incapaz.
Ultimamente me dió por creer en un Dios, sumamente inteligente y poderoso, que creó esta monotonía de universo y al rato se aburrió, se cansó, ahora está jugando al pool o durmiendo (quién sabe) y nosotros estamos a la deriva, aguantando a las madres que quieren tomar su lugar.

21 de mayo de 2008, 5:50  


Blogger Ajenjo ha dicho...

Vea, creo que las madres son un experimento que salió mal. Si quisiera transformar a la hechicera que me robó el corazón en una bruja, la embarazaría.

slds
A

21 de mayo de 2008, 10:53  


Blogger gabrielaa. ha dicho...

ah, los peligros de la generalización...



y *mi* madre sí lee mi blog!

21 de mayo de 2008, 12:52  


Anonymous Anai Le ha dicho...

Exacto. Las mujeres deber'iamos parir y que luego un Ente se encargara de criar a toda la prole en id'enticas condiciones.

Y ojal'a que cuando est'en ya grandecitos nos los presten un rato para pasar un tiempo juntos y tener la posibilidad de re'ir hasta las l'agrimas con el letrero de una micro, como lo hice con mi hija esta ma;ana.

*Este teclado est'a enfermo, perd'on.(

21 de mayo de 2008, 18:34  


Blogger DIEGO. ha dicho...

Un posteo muy interesante, Don Lampwick. Hace uños años yo enseñaba computación en un jardín de infantes y tuve la oportunidad de ver a los seres humanos en ejercicio de su paternidad. Es bastante perturbador. Y no solo las madres se comportan así. Ha habído padres que me insistían en que sus hijos eran súperdotados y dignos de un trato real. Por suerte los pibes eran un cago de risa. Literalmente.

Un abrazo.

21 de mayo de 2008, 23:36  


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Sinceramente, este me parece uno de los mejores posts en mucho tiempo: bien redactado, entretenido y corto.
Lamento que no haya tenido demasiados comentarios, ya que es un tema interesante para discutir.

Si hubiera escrito alguna enumeración idiota, al mejor estilo Podeti, seguro que se llenaba de aduladores el recinto.

Ya sabe Chester, para la próxima limítese a la estupidez, escriba algo como:
100 cosas que las madres hacen para molestarnos
1- bla bla bla
2- idiotez
3- repetir alguna de las anteriores

(en bestiaria también tendría mucho éxito éste estilo Whitman de barrio bajo)

23 de mayo de 2008, 11:32  


Anonymous Anónimo ha dicho...

Y... hubo una raza que nacía de huevos. Era perfecta, pero dormían mientras la raza vivípara salía a hacer correrías y no podían defender sus huevos que eran comidos (o más bien destruídos con maliciosa saña) por estas ratas de las cuales descendemos...
Triunfó la madre.
Esta raza está cagada desde el vamos...

25 de mayo de 2008, 12:03  


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