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lunes, 2 de febrero de 2009

   Balconcitos Urbanos Edición Desagravio

Sé que publicar fotos sacadas por mi impericia y con una camarita de 2 megapixels de un celular cerca de las fotos premiadas de mi amigo me podría costar el infierno. Pero es un riesgo que quiero asumir. La vida es así de indecisa.

La causa es más que noble: hace unos días, el señor Verloc dijo lo siguiente sobre la peatonal marplatense: "Qué fea es la peatonal de Mar del Plata. Esas lámparas horrible y esa baranda a papa frita en cono de cartón, horrible."

Yo no puedo estar más de acuerdo. Pero a la vez, me dan ganas de defenderla. Y la única forma que se me ocurre es mostrando los balconcitos que custodian su preciada mugre. Por ello es que les presento, "Balconcitos Urbanos: Edición desagraviando a la peatonal marplatense".

Lo haré a modo de paseo, de poniente a levante, del monte a la costa. Vestuario obligado: hombre, bermudas de mesa de saldos, musculosa o camiseta de algún club del conurbano y las zapatillas más deslumbrantes que encuentre en su proveedor de ropa deportiva, de ésas con chirimbolitos de colores y suelas de resorte; mujeres, soleras de 20 pesos y jeans muy muy ajustados. En forma no excluyente, trate de adquirir un poco de bronceado, preferentemente al punto en que la piel de la espalda se descama y dibuja formas irregulares de color rosado.

Por último, póngale a su hijo nombres como Yáquelin o Enzo y grítele, grítele muy fuerte.

Arranquemos. El viaje no es largo pero está lleno de sorpresas.


Primera parada: Peatonal y San Luis. Cerca, la catedral. Enfrente, el tipo que pinta paisajes lunares con aerosol y que todos admiran sin que yo sepa por qué. Por ahora todo parece tranquilo, los curas que barren las escaleras de la iglesia no tienen pinta de pedófilos, nos rodea una plaza, una fuente sin agua pero que salpica, señores mal afeitados que miran de reojo el trasero de las señoritas desde un traje que usó Barney en su despedida de soltero y a lo lejos, muy a lo lejos, el general San Martín emprende su viaje senil hacia la última libertad. Sigamos adelante.


Peatonal esquina Córdoba. El "Palacio Árabe". Enfrente, la Font d' Oro, sede oficial del despilfarro del señor Verloc en su breve estadía en la ciudad. Gran café, pero de parado en la barra. Sentarse en las mesas de la vereda es una careteada imperdonable, salvo que usted sea un joven garca, un garca ya maduro o un garca retirado. El aire se enrarece, pero aún no hay de qué alarmarse. Dos bancos oficiales enfrentan intimidantes sendos prismas de base cuadrada, altos y sin balcones. Dos bancos, un palacio árabe, garcas y un café con historia: una combinación de la que nada bueno puede esperarse. Es mi obligación avisarle: si usted quiere regresar, éste es el momento. Más adelante ya no habrá otra oportunidad.




Veo que usted es más valiente de lo que su buena madre imaginaba. Bien por usted. Es hora de que la llame por teléfono y le grite desafiante: "¿Viste que sí tenía uñas de guitarrero, mamá? ¿Viste mamá? ¿Viste?". Corte. Déjela con la duda. Déjela pensando que usted ya no la quiere más. Déjela llorando. Verá como muy pronto deberá llamarla llorando para pedirle disculpas por hacerla llorar. En esta foto, una pizzería de cierto renombre, cuyo nombre no recuerdo. El rojo no es casual: es un aviso de lo que está por venir. Hay peligro cerca. Pero no le dé la razón a su mamá y continúe su marcha. ¿No quiere? ¿Tiene miedo? ¿Sus uñas no eran de guitarrero? Tarde para descubirlo: Los vapores fétidos de la pizzería y una barricada de mesas, sillas y comida grasosa bloquean sus vías de escape y sus vías respiratorias. Así que apriete el paso y no se pare a conversar con nadie. Séquese el sudor de la frente y ponga su mejor cara de notario apurado. Los vendedores de almanaques y tiempos compartidos que lo esperan, son impiadosos con los más débiles.



Estamos ya en lo que yo llamo la "Peatonal profunda". En primer plano, una de las lámparas a las que hace referencia Verloc en su comentario. Las salidas están lejos, el mar aún no se ve y volver atrás es imposible. Esto es una batalla, deberá evadir al menor costo posible todos los obstáculos que la peatonal marplatense pone en su camino. Escotadas despachantes de baratijas. Gitanas con ramitas de romero. Negocios de productos "importados". Pizza + cerveza de litro a 29 pesos. Los que ofrecen dinero a mucho interés. Mesas, mesas y más mesas. Emanaciones de desagues. Familias multimiembros que ocupan la vereda de norte a sur. La parejita que insiste con una encuesta. Los que reparten folletos de negocios de celulares. El perro del señor que duerme en la calle. La vieja que está sola y ve en usted un seguro interlocutor. Cantantes que aproximan su voz a Playa Girón . El vendedor de falsas ilusiones. El ciego de Carriego. Y cubriendo lo que queda de horizonte, la raza más peligrosa de todas: las estatuas vivientes. Corra, corra sin mirar atrás. Empuje a las viejas inmóviles, salte los carritos de bebé. Pisotee a quien se cruce en su camino. No se disculpe. Y no piense en su madre. Todos sabemos que ella siempre tuvo razón.






No era tan grave como parecía. Ya estamos casi en la costa. Recupere la respiración, los peligros más importante quedaron atrás. Siéntese en uno de esos bonitos bancos de madera y analice con cuidado los daños. Revise sus bolsillos: Un folleto de un cititour, uno de una casa de placer y dos entradas con descuento de un espectáculo teatral "out of spotlight". Constate la integridad de su uniforme: algunas manchas de tomate en la solera y una huella de zapatilla impregnada en su pie izquierdo, nada grave. Haga un relevamiento de su billetera: se ha quedado sin monedas, pero tiene casi los mismos billetes que antes de emprender esta aventura. Mire sus manos: podrá encontrar en ellas alguna bolsa llena de chucherías de ese bazar de importados (el escote de la vendedora no sabía de conjuros). Por último, descarte la posibilidad de haber sido objeto de una maldición gitana. Las secuelas no son muchas, es usted un ser afortunado. Ahora, sólo evite mirar amablemente a la viejita que se le sentó al lado (que está a punto de comenzar a hablarle de sus nietos) y siga su camino.


Pero no se relaje demasiado: en la rambla lo espera el santiagueño cuenta-chistes dispuesto a poner su temple a prueba.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 12:33

13 comentarios:


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Me ha hecho revivir un grasiento paseo por la peatonal.
¿se inspiró en la película Amelie, cuando agarra al ciego?

Muy buenas las fotos, el palacio árabe me gusta, me hace acordar al café.

La belleza está ahí, acechando, solo que en la peatonal hay que mirar pa´ arriba.

Muy buenos los textos, dignos de la época más popular del blog.

3 de febrero de 2009, 10:47  


Anonymous Lale ha dicho...

De acuerdo con Verloc en su última afirmación... que vuelvan los larguitos del blog!

Por otro lado, yo no sé Chester... a ud lo sigue asustando la peatonal?

O yo ya estoy muy muy curtida en el tema (camino por peatonales - y qué peatonales!- todos los santos dias de mi vida) que incluso, me tuve que cortar un poco las uñitas de guitarrera porque ya lastimaban..

...o las peatonales marplatenses son un juego de niños...

Vías respiratorias cortadas por el olor emanado de una pizzería? Pero cómo... ud no puede aguantar las respiración por ocho minutos como la media de cualquier ciudadano que se precie de serlo?

Hay que tener mucho huevo para vivir cerca de la peatonal!*

*con voz de cacho y puño en alto

Pd: gracias por los balconcitos!

3 de febrero de 2009, 15:06  


Anonymous Lale ha dicho...

Además... se siente mal por la calidad de ESAS fotos?

Revise un poquito la casilla de nuncahunounavez@gmail y va a entender la impotencia de querer sacarle una foto a un par de balconcitos urbanos y que el celu-cámara, simplemente, NO DÉ!

(tenia otras sacadas con digital, pero no sé donde las puse cuando mudé de pc...)

3 de febrero de 2009, 19:39  


Blogger Chester J. Lampwick ha dicho...

Oh tres comentarios y de dos personas distintas. Y ninguna soy yo.

Hoy es un gran día para este blog.

3 de febrero de 2009, 23:06  


Anonymous Lale ha dicho...

Me tengo que asustar por el mail de "Honorio Catennacci
Centro de Experiencia de Usuarios
Nunca Hubo Una Vez"????

O_o jajajajajaja

4 de febrero de 2009, 3:45  


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Cuidado con Honorio...

4 de febrero de 2009, 8:22  


Anonymous Lale ha dicho...

>O_o<

4 de febrero de 2009, 10:55  


Anonymous Anai Le ha dicho...

No sé qué tienen contra la comida grasosa.

4 de febrero de 2009, 15:26  


Anonymous Lale ha dicho...

Coincido.
En mi mundo, la "baranda a papa frita en cono de cartón" es equiparable al olor a pasto recién cortado

5 de febrero de 2009, 12:45  


Anonymous Lale ha dicho...

Si después del comentario anterior no hubo rta de ninguno de los dos Host de este blog...

... o realmente encontraron algo qué hacer con sus vidas... o uno se tiró de uno de los balconcitos urbanos y el otro se ahogó comiendo un pedacito de rúcula mientras Luca intenta reanimarlo en el piso...

15 de febrero de 2009, 17:34  


Anonymous Anai Le ha dicho...

Capaz que cerraron por vaca.

17 de febrero de 2009, 18:33  


Anonymous Lale ha dicho...

Podrían haber puesto un cartelito en la puerta, mínimo... y una que se cansa de tocar el timbre!

17 de febrero de 2009, 20:14  


Blogger Mr. Verloc ha dicho...

Estoy vivo, no se preocupen.
Engordé mucho en el curso de cocina, y ya no puedo desplazarme con comodidad por el departamento.

Ya encargué conexión wi-fi para vivir en la cama, de forma definitiva.

Hasta entonces

21 de febrero de 2009, 9:42  


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