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lunes, 29 de octubre de 2007

   Siguiendo la corriente. Hoy: Elecciones 2007.

Retomando la sección Siguiendo la Corriente, hoy me voy a detener, cual policía autocrítico, en el acto eleccionario de ayer. En eso. “Acto eleccionario”, así, con todas las letras del scrabbel. Para los que no son amigos de los eufemismos: votación, elección, ir al cuarto oscuro y meterla en la urna. ¡Epa! Esto último podría ser considerado también un eufemismo. Recordemos que la sección se inició con un polémico homenaje a Fontanarrosa. Esta entrega no va a ser menos polémica.

No sorprenderé a nadie al decir que el sistema democrático es el peor sistema posible. En eso estamos todos de acuerdo, ¿no? No sirve para nada. Es una tontería mayúscula. ¿Acaso sirvió de algo ir a votar ayer? Ya se sabía quién iba a a ganar, por cuánto iba a ganar, quiénes la iban a votar y quiénes no. Entonces, me pregunto: ¿Por qué tuve que perder la mañana del domingo –acaso el único momento de la semana en el que uno cree que eso de la vida dentro de todo no está tan mal- participando de un ritual arcano, ridículo, repleto de grotescos simbolismos y –lo más sorprendente- completamente inútil.

Algunos dirán: ¡Oh, muchos han derramado su sangre para que tú ayer pudieras votar! Yo respondo: muchos derraman su sangre por la razón equivocada. ¡Y encima me hicieron perder la mañana del domingo entre colectivos, escuelas sucias y fiscales peronistas! ¡Desgraciados! ¡Espero que se estén pudriendo en el infierno!


(En estos momentos, Víctor Hugo Morales en su programa de radio describe las maravillas que el otoño produce en Hyde Park…)


Bueno, bueno. Vamos a tranquilizarnos. Es que estoy indignado. Molesto. Furioso. Un poco contento porque me salió rico el mate. Pero básicamente indignado y con un brutal rencor hacia la humanidad.

Emulando el estilo de un webloguero sin cejas de fama internacional y candidato al prestigioso premio al “Blog Salchicha”, propondré algunas cuestiones que alguien debería considerar –no yo, estoy ocupado en otras cosas- para terminar de una vez con esta fantochada.



El voto calificado

Empecemos con una opción que no destierra por completo el actual sistema, sólo le modifica algunas cosas. Seamos honestos: somos progres, respetamos al otro, le damos guita a los basureros (vendemos muchos discos pero somos igual que ellos), pero elegir un presidente no es tarea para todos. Hay algunos que están capacitados y otros que no. Miren, para que esto que digo parezca menos duro y no empiecen a putearme en los siete idiomas del antiguo testamento, tuve la delicadeza de no incluirme en ningún grupo. ¡Capaz que yo tampoco estoy capacitado para votar! (je je, sos un genio Chester, si hay alguien capacitado para votar, ése sos vos). No sé cómo hay que implementarlo, puede ser a ojo, en base a demostración de habilidades técnicas, artísticas o de cualquier tipo, test de IQ. Hay muchas opciones. Mi granito de arena: para estar habilitado a votar, es requisito aprobar un examen previo. ¿El contenido del examen? Preguntas sobre la tele.


La legalización de la apatía.

El gran desequilibrio demográfico de nuestro país genera el siguiente fenómeno: las elecciones nacionales son definidas por el voto de los electores del Gran Buenos Aires. Y los electores del Gran Buenos Aires votan todos al mismo y siempre al mismo: al nombre que brilla entre las manchas de la remera del puntero.

(Ayer leía en el Perfil: "Y en este flamante asentamiento de La Matanza, que es una de las 120 villas con que cuenta el partido, huelen a una mezcla de agua estancada, tierra vieja, la cocción de guiso barato, el sudor y la piel quemada por el sol." ¡Muchachos, paremos un poco la mano! ¡Ahora cualquier cagatintas del último pasquín se cree Marco Denevi! Cito a Alejandro Dolina: "...hay profesionales a quienes se les nota el afán literario. Innumerables crónicas deportivas empiezan con una descripción del atardecer en la cancha de Atlanta. Otros incursionan en lo psicológico y procuran reflejar los estados mentales de un zaguero que ha metido un gol en contra. La inquietud sociológica es una verdadera tentación y cada vez que un hincha le tira piedras al árbitro, los cronistas se creen obligados a descubrir que esto obedece a tensiones reprimidas, carencias económicas, calamidades sociales y otras viejas verdades que por alguna razón inexplicable siempre se anuncian como una revelación genial. En realidad creo que hay que estimular la actitud creativa en todo cuanto se escribe. Pero esto puede conseguirlo un artista y no un jefe de correos.")

Los demás somos de palo. Mi voto a Pino Solanas (Ahh, se acabó la incertidumbre, ingenuos lectores, basta de preguntarse ¿y éste a quién voto? ¿A Rico-Patti-Bussi-Cecilia Pando? Fin de las elucubraciones, utilicen esa parte del cerebro para otra cosa), no sirvió de nada, cayó como agua en el océano. Como arena en el desierto. Como nieve en los puentes nevados de Wisconsin.

Mi primera propuesta es que mediante la utilización de determinados criterios en la aplicación del sistema de “voto calificado” se reduzca en forma significativa la cantidad de electores del Gran Buenos Aires. Ojo (a continuación, otra aclaración políticamente correcta) no tengo nada contra la buena población del Gran Buenos Aires. Es gente de lo más amistosa y trabajadora. Y vivir en ese horrible lugar es todo un mérito, no es para cualquiera. Mi familia entera proviene de Lanús. Claro que mi madre tuvo el buen tino de parirme en una clínica de Monserrat y no en el “Hospital Evita”. Y cuando vieron que yo ya empezaba a entender un poco, me sacaron de ese basural y me trajeron a Mar del Plata.

Si no es posible la primera opción, tengo una segunda que, en demostración de la amplitud de mi pensamiento, es completamente opuesta: Que vote sólo el Gran Buenos Aires y al resto nos regalen uno o dos días de descanso en algún bonito lugar. El resultado no va a cambiar –los que ganan siempre van a seguir ganando, incluso con mayor contundencia-. Sí va a cambiar el desasosiego que uno siente a las seis de la tarde de cada uno de estos domingos fatales.


El principado

Les pregunto: los hijos menores de los reyes que jamás van a llegar a rey, ¿no les da lástima? A mí sí. Soy una persona muy sensible. Verlos en esa situación de reyes sin reino, hundidos en la depresión -a la que intentan combatir con drogas de buena calidad y hermosas mujeres- me parte el alma en dos. Y salvo que usted sea como una aceituna descarozada a la que le han reemplazado el corazón por una pasta de morrón y anchoas, seguro siente lo mismo. En definitiva: la idea sería convocar a algún príncipe desocupado para que nos gobierne. Si es británico mejor, por eso de la rima en "y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un... ". No me digan que tener una monarquía no es de lo más picucú. Hasta le podríamos construir un palacio y todo. En Lanús, cerca de la estación.


El sorteo

Esta idea es la que me más me gusta. No es mía, pero ustedes no lo saben. Los gobernantes son elegidos mediante el azar (o el determinismo, según la escuela a la que usted adhiera) Nada de campañas: los afiches, las pintadas, las frases vacías y los políticos besando a niños pobres no serían necesarios. Que salga el que salga y a reclamarle mediante cantos a Gardel.

El sistema es de lo más sencillo. Se introducen los nombres de todos los que quieran ser electos (el de "Agüero el mesías" también) en un bolillero. Luego, Cronica TV. Un café de barrio a las cinco de la tarde. Viejos y vino de jarra. Agua estancada y olor a guiso barato, sudor y piel quemada por el sol. Y niños cantores anunciando a toda voz:


Cristina Fernández... ¡presideeeeentaaaaaaaaaaaaaaaa!



A la mierda. No sé cómo lo hacen, pero estos peronistas siempre terminan ganando.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 10:22 | 10 comentarios

sábado, 13 de octubre de 2007

   Colección de urbanidades

Influido por la colección "Yeca" de Luis Abadi y como previa al inminente regreso -luego de 6 años- de Mr. Verloc a la ciudad que lo vio nacer, hoy a la mañana salí a retratar a Mar del Plata en su esencia más humana. La Mar del Plata en acción, de la gente, del día a día. Con ustedes y sin filtro: La Feliz. La Perla del Atlántico. La Ciudad de la Familia. Estemm... ¡La Feliz! No, eso ya lo dije. Bueno qué quieren, yo nací en Buenos Aires, no en esta roña.



La leyenda del fotografiado
sin cabeza


Perdón jefe, ¿hay pique?




El aguante


Esta noche cocino yo



¿Y después quién me levanta?

El reclamo argentino



Un peso para el asado

Taxi Caxi



Por fin me animé a dejarlo

Egresado de la Universidad
Nacional de Circo


¡Bienvenido Verloc!



Como siempre, click para agrandar.
Fotos sin photoshop. Dígale no al retoque digital. Queremos ver a Susana Giménez tal como es.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 14:24 | 19 comentarios

martes, 9 de octubre de 2007

   Aquellos viejos malos –malísimos– tiempos.

Es posible que muchos de los que hoy escribimos en un blog, ya lo hiciéramos desde mucho antes de que la palabra blog comenzara a pergeñarse en el cerebro geek de un pecoso lleno de granos y con los pantalones hasta el ombligo. El monstruo ancestral de la escritura –figura que le gustó mucho a mi querida Anai le y por eso la vuelvo a utilizar- ya estaba despierto en la mayoría de nosotros. Al menos es mi caso. Generalmente escribía textos bien cortos, o el inicio de algo que nunca continuó. Comienzos de historias sin principio.

Sucede habitualmente que cuando uno relee lo que escribió hace un tiempo, le parece una verdadera porquería. Salvo que usted sea Borges y en su lecho de muerte se encuentre leyendo Ficciones, es así: una verdadera porquería. Pero esto no es del todo malo: por comparación uno tiene la sensación de que ahora está escribiendo fantásticamente bien. Espérese un par de años y cuénteme. Y por otro lado, lo que uno fue escribiendo conforma una especie de diario íntimo –mucho más si lo que usted escribió es precisamente un diario íntimo- que nos permite reconocer y recobrar aspectos subjetivos de nuestra historia. Básicamente, qué queríamos ser cuando fuéramos grandes.

Pero no perdamos de vista que lo que escribimos es una verdadera porquería. Bueno, bueno, no se me pongan así. Para consuelo de muchos, intentaré en este artículo hacer un primer recorrido por mis textos más humillantes y peor escritos, pero que marcan distinta etapas de mi existencia. No estoy orgulloso, pero soy yo. Y siempre queda la posibilidad de que algún día escriba algo que valga la pena y estos textos sean objetos de culto y de seminarios dictados por docentes de la UBA.



Advertencia: usted está a punto de leer textos malos. Los textos no han sido retocados ni en una coma. Sí se corrigieron algunas faltas de ortografía.



1. Período Cortaziano o la circularidad de los circunloquios sinfín.

Poco estimulado por mi familia y las profesoras de literatura, empecé a leer libros denserio ya de grandecito. Un día, no sé en virtud de qué, fui a la biblioteca y me hice socio. Al tener muy pocos conocimientos sobre el tema (ay ay mis profesoras de literatura del secundario, menos mal que ahora hay profesoras como vos amor...), elegí empezar con los autores más conocidos. Y muy temprano, me topé con Cortázar y su Rayuela. ¡Error! ¡Grave error! Durante largo tiempo, creí que a lo único que podía llamarse literatura era al capítulo 7. Este párrafo así lo confirma:

Tus manos repasan nuestra historia, lentamente, surgen las notas graves, ahora las agudas, un silencio, una armonía que no se rompe. Soy el único espectador de este histórico concierto, sentado en una escalera que es un palco, veo tu pelo cayendo sobre los hombros, mis ojos repasan nuestra historia. La alfombra de la sala, tantas veces nosotros, ahora el sillón, tantas veces alfombra, otras veces nosotros. Subo por tus piernas, de nuevo tu pelo, de nuevo tus manos, tus manos recordando nuestra historia.


2. Período Dolinesco o ¡déjenme de joder, a mí me gusta!

A mi familia ya le parecía raro eso de que leyera libros. Pero más raro le pareció mi fanatismo por Dolina. No entendía qué era lo que me atraía de ese programa de radio, en el que hablaban de Luis XIV, hacían chistes que no eran graciosos y cantaban tango ¡tango! No tengo dudas de que estaban convencidos de que escuchaba a Dolina para molestarlos a ellos y no porque me gustara. Y no creo que hayan cambiado de opinión. Con la poca plata que tenía en esa época, pude comprarme “Crónicas del Ángel Gris”. Y -otra vez- durante mucho tiempo creí que no había otra forma de escribir que no fuera utilizando humor y frases y razones pomposas:


No sé porque los humanos nos empecinamos en celebrar determinados números en detrimento de otros. No digo que esté mal, digo que es curioso. "He ahí una injusticia, caballero" -me decía un pasajero el otro día en el 54-." A mi no me vengan con la discriminación racial ni con el hambre en Somalia. Ya estoy harto de que todos hablen de esas injusticias. Hay que tratar de resolver otras injusticias de las que nadie se ocupa, constituyendo este desinterés, una injusticia aún mayor. Es una injusticia al cuadrado, para decirlo en términos matemáticos. Por qué siempre se festeja el número 100? Por qué nadie festeja el 89, por ejemplo? El 89 es un número que debe merecer respeto como cualquier otro. Todos los números son criaturas de este universo, no sólo el cien". En vano traté de explicarle que festejar el cien o cualquier número de los llamados redondos, era una convención, pero no significaba para nada que esos números fuesen superiores a los otros, ni mucho menos que hubieran sobornado a los numerólogos del universo como el hombre parecía insinuar. Además considerar una injusticia a una convención, provocaría que no sólo lo que él citaba fuese una injusticia, sino una innumerable cantidad de cosas. "Siguiendo su razonamiento, caballero," -dije yo- "cuando llamamos silla a una silla, también estaríamos cometiendo una injusticia. Por qué la llamamos silla y no cifode? Acaso la palabra cifode no es una palabra como cualquier otra?" Pero no me oyó. Él se bajó del colectivo con la promesa de iniciar una campaña por los derechos de los números no festejados. No creo que triunfe. Pero al menos espero no verlo festejando la llegada del año 2000.


3. Período Borgiano o ¡uaaauuuuu... qué loco!

Más tarde, no tuve más remedio que leer a Borges. Confieso que al principio me asustó mucho no entender el 95% de los que el hombre escribía. Estuve a punto de abandonarlo y volver a Osvaldo Soriano que no me daba tanto trabajo. Pero Dolina siempre hablaba maravillas de Borges, yo era fanático de Dolina y por regla de tres simple, a mí me tenía que gustar. No me arrepentiré jamás de ese flojo razonamiento. De nuevo, a escribir sobre universos ocultos que desaparecen cuando dejamos de prestarles atención:


Dicen que al principio de los días
en la larga noche de fin incierto
cuando el fuego surgía desde el centro
y lágrimas de roca la roca vertía

cientos de feroces luchas estallaron
entre las fuerzas que de la nada fluían
mares y soles, viento y cielo ser querían
polvo y verde y libro, sombras y pasado

nada era diáfano en este azul infierno
unión de nacimiento y breves muertes
mas cuando el destino pudo ser destino

y sus fatales brazos la claridad tejían
Egipto, dioses, océanos y continentes
alma, cuerpo, tu y yo, amanecer y poniente





Por ahora, hasta acá llegó el recorrido. Antes de terminar, quiero invitar a los lectores que tengan blog a que publiquen algo que hayan escrito hace mucho. No tengan miedo: por aquello que fueron, son lo que son hoy. Grandes. Muy grandes.

Nota: esto podría ser una especie de meme.En ese caso, se lo paso a… Mmmhh… ¡Qué nervios! A ver, se lo paso a Bater, a Diego (instantesde) y a Weltklang.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 11:46 | 29 comentarios

viernes, 5 de octubre de 2007

   Tengo que darte una noticia

La forma en que mi mujer y yo nos enteramos de que íbamos a ser papás, no tuvo nada de peliculesco. Adoctrinado por Hollywood, creía que llegado el momento, mi mujer iba a estar esperándome que volviera del trabajo, inquieta y miedosa por una estela en el vientre que no sabía cómo sería recibida.

- Tengo que darte una noticia. Sentate. ¿Estás cómodo?
- Sí, sí. ¿Qué pasa? No me asustes.
- Es algo hermoso. Vas a ser papá.
Desconcierto, llantos y -por qué no- algún desmayo.

No puedo imaginarme cómo el hombre podría no estar al tanto. ¿Acaso ve a su mujer una vez cada dos meses? Y la mujer, ¿Por qué se enteró sola? ¿Por qué no esperó a su pareja para confirmar el embarazo?


Tengo un atraso de dos días, tres, cuatro, si no te viene el lunes nos hacemos el test, no me vino andá a comprar el Evatest, sale muy caro mejor compro un genérico mirá si gasto 30 pesos y es no, bueno no seas rata, es tu hijo, dale cómo se hace, tenés que hacer pis acá y tenemos que esperar, ya pasaron los diez minutos, todavía no no seas ansiosa, dale fijémonos, bueno dale, y son dos rayas, a mí me parece que sí, pero la segunda está medio clarita, yo no sé, preguntémosle a Anita, bueno dale llamá a un taxi, ¿y Anita?, sí chicos, van a ser papás.

Así fue en nuestro caso. No hubo desconcierto ni desmayos, pero sí llantos, y alegría y varias docenas de empanadas.


Soy honesto: la historia de cómo nos enteramos no tiene demasiada fuerza como anécdota. Levanta un poco por el hecho de que tuvimos que recurrir a una doctora para que nos confirmara que eran dos las rayitas. En cambio, la historia de cómo me enteré de que mi amigo D iba a ser papá, sí es digna de ser contada. Miren:

Ocurrió mientras yo estaba en España, visitando a mi amigo Verloc. Durante años, Verloc, D y yo conformamos una triada inseparable y realizamos juntos una gran gama de actividades aburridas y poco arriesgadas. Jugar al bowling, jugar al pool, jugar al ping-pong, ir a acampar a Mar chiquita en taxi. ¡En taxi! ¡Los locos se fueron en taxi hasta Mar chiquita! Hace ya media docena de años, la triada inseparable se separó cuando Verloc huyó con su familia al primer mundo. D y yo hicimos un intento por seguirlo, pero desistimos rápidamente.


Asunto: Urgente
"Tengo que hablar con los dos, llámenme"

Al recibir este mail, mi cerebro decidió que D tenía que contarnos algo malo. Muy malo. Anclado en esa primera impresión, llamé.


CHESTER: Hola D, que pasó?
D: biribiribiribir mmgnjjjs papá.
CHESTER: No te entiendo nada, estoy en un bar y hay mucho ruido, estos andaluces cuando hablan gritan como la sanputa.
D: biribiribiribir mmgnjjjs papá, papá
CHESTER: ¿¡Se murió tu papá!?
D:¡biribiribiribir mmgnjjjs papá!
VERLOC: ¿Qué pasa?
CHESTER: No sé Verloc, me parece que se murió el papá de D. Pero no le entiendo nada de lo que dice.
COCINERO DEL BAR: ¿Qué pasa, Verloc?
VERLOC: Se murió el papá de un amigo que está en Mar del Plata.
CHESTER: ¿Y vos cómo estás D?
D: biribiribiribir mmgnjjjs contento.
CHESTER: ¿Contento? ¿Tu papá se murió contento?
VERLOC: ¿Qué dice?
CHESTER: Dice que se murió contento.
COCINERO DEL BAR: Si se murió contento es porque quería morirse.
CHESTER: D, no entiendo nada, espera que subo al departamento de Verloc y te llamo.

...

CHESTER: ¡Qué cagada! ¿Cómo que se murió?
D: ¡Voy a ser papá! ¡Que voy a ser papá!
CHESTER: ¿Vas a ser papá? ¡Yo había entendido que...! ¡Qué pelotudo que soy!
(saliendo al balcón y gritando para que oyera Verloc)
CHESTER: ¡Verloc! ¡No se murió el papá! ¡Va a ser papá! ¡D va a ser papá!

Y así fue cómo me enteré de que mi amigo D iba a ser papá.



Desde aquel momento en que la Doctora Anita nos dijo con sorna que no había que ser doctor para darse cuenta de que había dos rayas, leí libros y revistas sobre cómo ser un buen padre, escuché consejos (pedidos y no pedidos), vi sin descanso Discovery Home and Health, soporté que todos metieran el cuchillo en el bizcochuelo para opinar si ya estaba o no cocido. En fin, recibí mucha, muchísima información. Pero nada ni nadie me advirtió acerca de los piojos.

De que una de las consecuencias de la paternidad era que yo, a los 30 años y con menos pelo que una pera, me iba a llenar de piojos como cuando iba al colegio, hace mucho mucho tiempo atrás.

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 8:33 | 16 comentarios

lunes, 1 de octubre de 2007

   Discusiones bizantinas: la semifinal

Estimados lectores de Nunca hubo una vez:

En estos momentos me encuentro disputando la semifinal del Primer Campeonato Iberoamericano de Discusiones Bizantinas organizado por el blog Discusiones Bizantinas. Es para mí de vital importancia superar esta instancia. Cuando digo vital, es vital, no soy hombre de sentidos figurados. Mi flaca autoestima se alimenta básicamente de estas pequeñas cosas y del flan casero (una especialidad de mi mujer) con crema chantilly que me estoy desayunando. Así que no se hagan los distraidos -como cuando miran para otro lado en el colectivo para no darle el asiento a una vieja- y voten por mí. En esta ocasión, me tocó demostrar que las computadoras MAC son mejores que las PC.

Voten por MAC, haciendo click aquí. Si gano, flan con crema para todos. Bueno, todavía no lo hablé con mi mujer pero no creo que le moleste.


Actualization: ¡Gané! ¡Gané! ¡Estoy en la final! ¡Flan con crema para todos! ¡Amor, a cocinar!

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PUBLICADO POR Chester J. Lampwick | 9:01 | 19 comentarios